MEDIADOR INTERCULTURAL

MODELOS DE INTEGRACIÓN:

Las migraciones constituyen desplazamientos de personas de un lugar a otro en busca de una mejor calidad de vida. Estos desplazamientos generan cambios, por tanto es un fenómeno que produce inestabilidad, obligando a la sociedad receptora a desplegar mecanismos de ajuste social que pone a aprueba los resortes culturales, sociopolíticos y económicos del país receptor.

La experiencia de una cultura para recibir individuos proveniente de otra va a influir decisivamente en lo traumático que puede ser o no el proceso de integración pluricultural. El inmigrante pueda integrase en la nueva cultura sin renunciar a la suya, aportando así a la cultura de acogida los valores de su propia cultura o país. Cuando sucede de este modo da como resultado un proceso de asimilación y enriquecimiento cultural mutuo, lo que hace menos traumático el proceso migratorio tanto para el país de acogida como para el inmigrante.

Las personas inmigrantes conservarán parte de sus tradiciones culturales, pero en su proceso de integración en la sociedad receptora, desecharán otra parte de ellas, adoptando las costumbres u opciones culturales que encuentran en esta nueva sociedad. Su derecho a esta evolución cultural es complementario de su derecho a mantener buena parte de sus pautas culturales originales.

Sin embargo, no siempre ocurre así. En la mayoría de países a los que hoy se desplazan millones de individuos en busca de una vida mejor, requieren una preparación para hacer esfuerzos adaptativos que abra su cultura a nuevas influencias. Si se opta por encerrarse más en sí misma a través del rechazo a los nuevos grupos de individuos que llegan portando otra cultura surje un fenómeno que se denominará rigidez cultural. Se expresa a nivel social a través de estereotipos que evalúan a los nuevos grupos a partir de generalidades que pueden tener implícitas estados afectivos desfavorables. Los estereotipos desfavorables tienen una fuerte carga de subjetividad que generan comportamientos negativos tanto en la sociedad de acogida como en el inmigrante.

Los estereotipos y generalizaciones parcializan y simplifican la realidad aumentando la posibilidad de generar agresividad y hostilidad social.

Y junto a los prejuicios raciales, religiosos y culturales se constituyen los psicosociales, que pueden producir movimientos xenófobos y de intolerancia, que a la vez producen conflictos sociales que impiden que el proceso de intercambio cultural se produzca satisfactoriamente, dando lugar al rechazo mutuo de las culturas encontradas.

Se diferencian distintos tipos de integración a la nueva cultura:

– Entremezclan: Las tradiciones y formas culturales de los inmigrantes se entremezclan con las del país de acogida para formar pautas nuevas.
– Pluralismo cultural o multiculturalismo: Sociedad plural donde se reconoce la equivalencia de las diversas culturas. Afirmación de valores como la igualdad y respeto a la diferencia. El multiculturalismo añade el respeto por las diferencias, al mero interés del modelo anterior. Aunque supone un avance, no satisface todas las exigencias de una sociedad abierta a la diversidad como desea la democracia. No puede servirnos de posible modelo educativo, porque puede implicar la aceptación de aberraciones llevados por el simplismo de «yo respeto tu cultura, siempre que tú respetes la mía».

Berry utilizó dos variables para definir cuatro conceptos: El respeto por la identidad cultural y la búsqueda de relaciones positivas:

– Asimilación: Es el Proceso sociocultural que implica el abandono de la identidad propia en función de otra. La asimilación puede ser una opción de los que se asimilan o bien, como ocurre en la mayoría de los casos, una exigencia de una cultura que, por ser la oficial o dominante, tiene la capacidad de imponer la asimilación.

El inmigrante abandona sus costumbres y prácticas propias adaptando su conducta a los valores, normas y formas de vida de la mayoría perdiendo su carácter distintivo. Se convierte en parte de la mayoría. Se les exige que se «españolice». Supone una «inmersión» del migrante en la nueva cultura, de forma que potencie todas sus capacidades para adaptarse a la nueva sociedad en la que quiere vivir. Como positivo tiene el «interés» que manifiesta porque las minorías accedan a los mismos recursos que los autóctonos. En lo negativo se exige la «renuncia» a la propia cultura del que va a ser «asimilado», y potencia el peligro del dilema de «o entras o te quedas fuera».

– Separación: Se conserva la identidad propia y las costumbres evitando relaciones positivas con los otros. Se respeta la cultura de la minoría pero en cuanto no nos molesten. Son los casos donde los inmigrantes están hacinados en guetos.

– Marginación: No se conserva la identidad cultural ni las costumbres pero tampoco se favorecen las relaciones positivas. Supone crear espacios y tiempos distintos para «excluir» a los diferentes. Esta sería la postura conocida como «apartheid», es decir, «subraya las diferencias desde la desventaja» consintiendo una segregación entre los centros educativos.

– Integración: Se conserva la identidad cultural y las costumbres y busca relaciones positivas. Es difícil ya que pasaría por la legalización de los inmigrantes, el conocimiento de su lengua, equiparamiento en sanidad, vivienda, trabajo, educación… Recoge el «interés» por las minorías del asimilacionismo y «el respeto por la diferencia» de la multiculturalidad. Representa un modelo educativo compatible con nuestras aspiraciones constitucionales. No debe plantearse desde la perspectiva de una mera asimilación, sino de un enriquecimiento mutuo de las culturas mayoritarias y minoritarias como principio básico de la interculturalidad.

Procesos psicológicos del emigrante y su impacto social:

Aunque las características de la sociedad de acogida repercuten decisivamente para que ocurra con éxito el proceso de migración, también son importantes las características psicológicas de quien emigra. Su modo de enfrentar la realidad, su capacidad de resolver los problemas, su flexibilidad ante lo nuevo… son factores que contribuyen a que se produzca una emigración lo menos traumática posible.

Generalmente, la emigración se evalúa desde factores externos: Qué ha logrado, cuánto tiene…, y no siempre nos detenemos a analizar las necesidades humanas de quien abandona su cultura, su familia y sus amigos en busca de una vida mejor, ya sea por dificultades económicas o por falta de libertades políticas. Estas necesidades humanas son las más difíciles de cumplir. Constituyen, la mayoría de las veces, una fuente de frustración que impide que algunos inmigrantes logren una buena adaptación a la nueva cultura.

No es extraño que muchos emigrantes posean durante cierto tiempo la duda de quedarse o volver al país de origen. En esta lucha interna muchos inmigrantes desisten de la experiencia.

Las etapas psicológicas de la emigración:

Iniciar un proceso migratorio implica costos emocionales de los que no siempre se es consciente. Las características de este proceso van a depender del tipo de migración: El emigrante político suele tener un grado de conciencia más elevado acerca de los móviles de su decisión, el emigrante económico que posee expectativas más concretas y generalmente su conciencia social es menos amplia y tiene más posibilidades de satisfacer sus expectativas con el país hacia donde emigra, ya que están directamente relacionadas con la obtención de bienestar material.

Si pensamos en una emigración motivada por razones profesionales, el tiempo de estancia de esta persona será definido previamente, no así una emigración por razones económicas donde seguramente el inmigrante no sabe cuántos años le llevará ganar algo que valga la pena para retornar a su país. El profesional no vive la incertidumbre de cuántos años va a pasar fuera de su país. Si su estancia en el país de adopción se prolonga, seguramente tiene que ver con razones personales pero el inmigrante económico necesitará seguramente algunos años para cumplir con su plan (independientemente de cómo se sienta anímicamente) y, si no se han cumplido las expectativas económicas, se sentirá frustrado.

Estas dos experiencias de emigración son muy diferentes, pero tienen un punto en común: La libre elección del cambio de país. Son emigraciones voluntarias. Casos muy distintos son el de las migraciones forzadas, como las políticas o religiosas (e incluso algunas migraciones económicas) donde no hay posibilidad de retorno o la posibilidad de volver al país de origen es prácticamente imposible.

Las informaciones que se incluyen en diarios, revistas y otros medios de información son en su mayoría de carácter sociológico, como los flujos migratorios, estadísticas de trabajo y desocupación de la población migrante… desde una óptica masiva y con preocupaciones estadísticas. Faltaría la dimensión psicológica, informando sobre lo qué les pasa a las personas que emigran. La perspectiva psicológica se refiere a qué sienten las personas ante un hecho tan importante como cambiar de región o de país sea por las razones que sea. De esta forma cambiaría la percepción que muchas personas tienen sobre este fenómeno.

Las características de las migraciones son muy diferentes pero en cada una afectan distintos factores que influirá psicológicamente en la persona que migra. La separación de los referentes personales produce, en mayor o menor medida, un estado de crisis en la persona. En primer momento la persona puede sentirse abrumada o puede vivir con verdadero pánico las exigencias con las que se tiene que enfrentar en el nuevo país: La soledad, el desconocimiento del idioma y las dificultades laborales. El estado anímico del recién llegado, la necesidad de sentirse bien acogido es tan importante que la demostración de afecto o interés de cualquier persona o cualquier gestión que se resuelva favorablemente lo hará sentirse querido.

Unas personas puedan salir adelante, transformando la experiencia migratoria en algo positivo pero otros no lo consiguen porque el resultado obtenido dependerá de las característica globales que haya tenido la migración y de la capacidad potencial de cada persona que lo experimente.

Investigadores de estos temas como Cox y Saunders han descrito las cuatro etapas por las que transcurre un emigrante:

– Etapa de Luna de Miel: En esta etapa hay expectativas elevadas acerca del país y de las posibilidades que el que emigra tiene de sí mismo. Estas expectativas elevadas condicionarán en un futuro inmediato que el que emigra no evalúe con objetividad sus posibilidades reales en relación con el nuevo entorno. El grado de idealización y falta de criticidad de la nueva cultura, provoca que las expectativas humanas, lo que se espera de las amistades o del entorno sean poco reales. Además se produce un proceso de aturdimiento pues el individuo está sometido a un exceso de información que no tiene posibilidad de procesar.

– Esto condiciona que a los 6 meses de estar en el nuevo país se pase a una segunda etapa descrita como depresión reactiva: Se presenta con fuertes vivencias de frustración ya que generalmente no se cumplen las expectativas iniciales, no se obtiene el trabajo deseado, se sigue manteniendo en situación irregular… Así comienzan a expresarse sentimientos de pérdida, dolor por el abandono del entorno social del país de origen (amigos, familia, trabajo, estudios…). Cuando la decisión de emigrar ha sido inducida por otra persona o eventos externos a la decisión del individuo, se suele depositar la responsabilidad de estos primeros fracasos fuera de sí mismo. Se culpa a los demás o al país de origen como el causante de las circunstancias presentes. El individuo se puede sentir despersonalizado pues no se identifica con la nueva realidad en la que está inmerso. Otra característica importante de esta etapa es la «desrealización» pues el individuo no cumple con sus aspiraciones sociales al no obtener el éxito que había ideado con anterioridad. Este cuadro depresivo puede volver a aparecer de forma recurrente en distintos periodos de la emigración. Sucede que al pasar los años esta etapa irá desapareciendo, aunque existen casos de emigrantes que no han podido sobrepasar dicha etapa.

– En la etapa de adaptación: El emigrante ha elaborado y asumido conscientemente las pérdidas emocionales y culturales que implica su decisión de emigrar. Asimismo, ha asimilado las ganancias -enriquecimiento de su personalidad, cosmovisión del mundo, establecimiento de nuevas relaciones de arraigo con la otra cultura- de su inserción en la nueva cultura. Esta etapa es una de las mayores posibilidades para que el emigrante se inserte en la nueva cultura.

– Existe una cuarta etapa: El rechazo a la cultura originaria, a la cual no todos llegan. Consiste en negar totalmente la cultura de origen y se produce un rechazo a todo lo que proviene de ella. Esto tiene un coste psicológico para el individuo ya que produce una reducción de su individualidad y de su identidad. Evidentemente, puede ser una limitación para el desarrollo posterior de su personalidad y para sus descendientes.

De dónde vienen y a dónde van:

Los continentes o zonas geográficas mas destacadas son:

– África: Magreb, el más importante es Marrueco, parten del norte, entre Tánger y Ceuta. Los ciudadanos marroquíes han tenido un crecimiento que podríamos calificar de estable. Sin embargo, los nacionales de Marruecos siguen siendo el colectivo más numeroso de extranjeros en España.
– África Subsahariana: Nigeria y también tienen cierta importancia los que provienen de Senegal, Guinea, Mali y Camerún.
– Latinoamérica: Con grandes lazos históricos con España. El más importante hoy es Ecuador ya que no precisan visado para salir de su país.
– Con respecto a Europa Oriental: Rusia, Polonia, Rumania, Ucrania…
– Asia: Flujos de importancia significativa en Europa. En España hasta ahora sólo China ha tenido repercusión.

Las zonas de las que proceden mayoritariamente estos extranjeros en situación irregular son, en primer lugar, del norte de África (Marruecos y Argelia), a continuación de países iberoamericanos (Colombia, Ecuador y República Dominicana), de países del Este de Europa (Rumania, Ucrania y Polonia), y finalmente de algunos países asiáticos (China), lo que coincide con las zonas de las que proceden los grupos más importantes de nacionales de terceros países que residen en territorio español.

Distribución territorial de los inmigrantes:

La presencia de inmigrantes a lo largo del territorio español pone de relieve su concentración en seis áreas o zonas, con pocas variaciones a destacar durante los últimos años. Es más, la evolución reciente permite señalar que este fenómeno se confirma de forma clara.

Las zonas en las que se concentra el mayor número de residentes extranjeros son Madrid, Barcelona, el litoral mediterráneo y los dos archipiélagos.

En cuanto al análisis de la población extranjera que se encuentra en Madrid y Barcelona, ha de señalarse que el peso de la población de origen europeo es inferior a la de otras zonas del territorio español, por lo que existe un mayor peso de los nacionales procedentes de terceros países, principalmente marroquíes e iberoamericanos.

En el litoral andaluz, Málaga es la provincia que aglutina un mayor número de residentes extranjeros. En esta provincia destaca la presencia de un colectivo importante de ciudadanos británicos. En Almería destaca la primacía del colectivo de ciudadanos marroquíes sobre las restantes nacionalidades. En Canarias y Baleares predominan las personas procedentes de países de la Unión Europea, siendo más evidente en Baleares.

El viaje:

Muchos lo hacen en pequeñas embarcaciones llamadas pateras, transporte barato, barquitos endebles que llegan diariamente a las costas españolas. Las costas del sur de la Península y de Canarias registraron en el año 2000 la mayor afluencia de inmigrantes de la historia; algunos fueron detenidos y muchas perdieron la vida en el intento. Las pateras son de madera, de dimensiones reducidas, aunque albergan de 20 a 25 personas. La figura más importante es el paterista (que se comunica con el teléfono móvil) y también es importante el papel del captador, que va por los pueblos buscando potenciales clientes.

Debido al proceso de la Ley de Extranjería, que ha facilitado la entrada masiva de inmigrantes,  llegaron a nuestras costas muchas pateras. Otras formas de entrada comunes son el «polizonaje», los barcos pesqueros, etc…

Muchos de los que dirigen las pateras hacia España, hacen de la trata de hombres un negocio muy rentable. Pese a que las pateras son el medio más frecuentado por quienes intentan alcanzar nuevas oportunidades para subsistir, hay otras fórmulas, también arriesgadas, de probar suerte:

– Camiones y furgonetas. Muchos inmigrantes, en su mayoría jóvenes o adolescentes sin medios para pagar a las mafias, cruzan el Estrecho ocultos en los bajos o en los remolques de los camiones que llegan a España a bordo de transbordadores. Esta práctica ha llevado a un severo control de los vehículos. En ocasiones, son también las mafias las que organizan viajes clandestinos en furgonetas, con inmigrantes sin papeles hacinados en su interior.
– Barcos pesqueros y de transporte. Los barcos son interceptados en el Mediterráneo por las patrullas costeras en busca de inmigrantes. Los marineros son detenidos.

 
INMIGRANTES:

El fenómeno de las migraciones es dinámico y cambiante, de ahí que existan múltiples definiciones que pueden ajustarse en un momento determinado a la realidad, pero que con el tiempo tienen que ser redefinidas para recoger con mayor precisión lo que entendemos por migraciones. Una primera definición, muy global, puede ser la que aparece en la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales: «desplazamiento de personas a una distancia significativa y con carácter relativamente estable». Esta es una definición tremendamente imprecisa, puesto que no concreta qué se entiende por «distancia significativa» ni a qué ser refiere con «relativamente permanente». De todos modos, definiciones posteriores no hacen sino acotar esta amplia definición con objeto de ceñirse de modo más preciso al concepto.

Si definir las migraciones es complicado, tampoco es fácil aportar cifras sobre el número de migrantes que existen en el mundo. En 1995 se estimaba que entre 80 y 100 millones de personas residían fuera de su país de origen, siendo los migrantes legales tan sólo entre 23 y 25 millones, el resto son personas indocumentadas, asilados, refugiados…

Desde la edad media hasta finales del s. XVIII se produjeron movimientos migratorios. En el s. XIV y XV la emigración se produjo entre países europeos gracias a los artesanos, comerciantes y artistas que se dirigían a países del mediterráneo y Europa central. Las emigraciones transoceánicas se inician en el s. XVI en la época de los grandes descubrimientos geográficos.

Entre mediados del siglo XIX y principios del XXI más de 350 millones de personas abandonaron sus hogares para ir a otros países. No ha cambiado el afán de las personas por buscar un mejor futuro en otros lugares, lo que sí han cambiado han sido los movimientos migratorios, y países tradicionalmente emigrantes (como el caso de España) se han convertido en países de recepción de inmigrantes. Poco a poco las migraciones se han convertido en un fenómeno global que no conoce fronteras, en gran parte debido a las enormes desigualdades entre el norte (receptor de inmigrantes) y el sur (generador de emigrantes).

Los inmigrantes legales se enfrentan a problemas como bajo nivel de vida, sentimientos de inseguridad, alto grado de fracaso escolar, abandono de la lengua materna, falta de apoyo e interés… Pero para los inmigrantes ilegales hay que sumar además la situación de marginación, angustia, explotación…

La aplicación de métodos represivos de la inmigración ilegal no basta para detenerla, menos aún para acabar con los comportamientos y actitudes racistas. Por ello es necesario una política de integración en los países receptores y de cooperación para el desarrollo político, económico y social de los países de origen. Una política de integración podría empezar por la regularización de la situación de los ilegales presentes en el territorio.

El caso de España:

En el caso de nuestro país, debemos tener en cuenta una serie de cuestiones para analizar el fenómeno migratorio actual:

– A partir de los años cincuenta, se produjo una entrada masiva de inmigrantes en una Europa que necesitaba reconstruir sus maltrechas economías de postguerra. Los españoles hemos emigrado, hasta épocas muy recientes, por causas económicas, políticas o sociales, en busca de condiciones de vida dignas y por la falta de libertades provocada por los años de dictadura. Somos, por lo tanto, un país de emigración, que ha tenido más de tres millones de emigrantes, de los cuales cerca de dos millones todavía residen fuera. La inmensa mayoría de los emigrantes españoles salieron de España con la idea de un regreso inmediato, sin embargo la experiencia ha demostrado que, en gran medida, la vida del emigrante ha ido asentándose en el país de acogida.

– En España el fenómeno de la inmigración es relativamente reciente, ya que tradicionalmente hemos sido un país de emigrantes (primero hacia América y posteriormente hacia Europa). Desde los años 60 la emigración comienza a disminuir y se empieza a sentir el retorno de los emigrantes e España, a la vez que tímidamente van entrando las primeras personas procedentes de otros países.

– Hubo, además, otro tipo de migraciones, denominadas interiores. En torno a los años sesenta, aparecen desplazamientos masivos de población desde las zonas rurales o más deprimidas a zonas urbanas e industriales, que vinieron a conformar algunas de las grandes ciudades actuales.

 
Entre la multitud de cambios y transformaciones producidas en la sociedad española, destacan dos hechos que alteran la imagen tradicional de nuestro país: La adhesión de España a la CEE en 1986, y el cambio de dirección del movimiento migratorio, durante muchos años marcado por la emigración, y que, a partir de entonces, advierte un predominio de la inmigración, fenómeno que crece significativamente y al que se añade un progresivo retorno de emigrantes a sus luares de origen.

– En 1996 los niveles inmigratorios de España no llegaban ni siquiera a los que había en algunos países europeos diez años antes.

– La inmigración en España se caracteriza por tener un fuerte componente de migraciones sociales, es decir, muchos de los inmigrantes que llegan a nuestro país no lo hacen por motivos laborales o económicos. Hay gran cantidad de inmigrantes de la tercera edad que vienen atraídos por la benevolencia del clima.

En cuanto a la procedencia, hay que destacar que la inmigración económica llega sobre todo de los países del Magreb, mientras que la inmigración social es mayoritariamente británica y alemana.

Con respecto a las actitudes de los españoles hacia los inmigrantes se han realizado diversos estudios entre los cuales destaca el de Tomás Calvo, ya que se centraba en las actitudes de los jóvenes de 13 a 19 años. En sus estudio observaba el autor cómo los jóvenes sobreestimaban el número de inmigrantes que residen en España y mostraban actitudes de rechazo (de forma consciente o inconsciente). Las actitudes más negativas se daban con personas procedentes de países del Magreb y con los procedentes de China, y además tendían a asocial inmigración con delincuencia.

Estos resultados no difieren demasiado con los obtenidos por M. S. Vallés, M. A. Cea y A. Izquierdo, autores de Las encuestas sobre inmigración en España y Europa (13). En su trabajo reflejan que los españoles están de acuerdo con el establecimiento de cupos anuales para inmigrantes, con la concesión de permisos de trabajo y residencia sólo a aquellos que lleguen con un contrato previo, con la regularización de los inmigrantes irregulares que ya residen en nuestro país, con la aceptación de refugiados políticos con restricciones… Pero también se muestran partidarios de dar facilidades para acceder a la educación, a viviendas dignas, a la sanidad…

Los españoles comparten con los jóvenes la creencia de que inmigración y delincuencia van unidas indisolublemente, a pesar de que las estadísticas desmienten esta relación y apuntan más bien a la unión entre precariedad económica (de españoles o extranjeros) y delincuencia.

Estas actitudes de los españoles están en la base de las acciones llevadas a cabo por el gobierno español en materia de inmigración. Comparando la situación real con dichas acciones J. Ignacio Ruiz extrae una serie de conclusiones:

– Existe una distorsión entre el contenido de las leyes sobre inmigración y la situación que se da en España. Se ignora que el inmigrante, una vez que llega al país de destino, comparte los problemas de la sociedad en la que se integra.
– Se toma a la inmigración como fuerza laboral manipulable y desechable en caso de que no se la necesite. Es la Administración la que, en teoría, fija cada año cuantos inmigrantes entran y quienes son.
– Se enfatiza el control policial del mismo modo que se trata de controlar la mano de obra. Ambas medidas revelan ser ineficaces para frenar la entrada de inmigrantes irregulares.
– Se produce una discriminación institucional al establecer que los inmigrantes tienen menos derechos que el resto de la población. Esto se ve claramente en el acceso al empleo, ya que un inmigrante no puede solicitar un permiso de trabajo para actividades en las que haya españoles inscritos en el INEM como demandantes de empleo (aunque luego no la acepten).
– No existen medios encaminados a la integración social. Se pretende que los inmigrantes se adapten a los comportamientos sociales del país de destino a la vez que se les niegan derechos básicos de ciudadanía.
– Hay un desajuste entre el marco legal y las políticas de integración, ya que por una parte la Constitución reconoce a los extranjeros los mismos derechos que tienen los españoles (artículo 13), y por otra las leyes posteriores los excluyen de derechos básicos como el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión…

El análisis de los datos nos hace llegar a una serie conclusiones, sobre la realidad:

– Que no son precisamente los países más desarrollados y con niveles de vida más altos, sino aquellos que tienen menos posibilidades e ínfimos medios los que soportan la mayor cantidad de inmigrantes, refugiados y desplazados, aportando, aun sin recursos, la mayor cuota de solidaridad.
– Que la presencia de inmigración en los países desarrollados viene determinada por su rentabilidad para los mercados de trabajo, configurados en función de grupos de presión, de los beneficios de las empresas y para los fines de rentabilidad del capital.

Motivos para emigrar y ser inmigrante:

Es una evidencia que los pueblos, por motivaciones diversas y de distintos modos, han cambiado a lo largo de la historia sus asentamientos geográficos, emigrando en busca de mejores condiciones de vida.

Los colectivos de migrantes presentes en la mayoría de países económicamente más desarrollados, no constituyen una población homogénea. Ya en el país de origen, incluso antes de tomar la decisión (libre o forzosa) de emigrar y se cuente con los medios para hacerlo, se ha iniciado el proceso migratorio. Son muchos los elementos y estímulos que confluyen: sentimientos de insatisfacción, precariedad (objetiva o no) expectativas de ascenso social, antecedentes migratorios en la familia, círculo de amistades o vecindario, aspiración a derechos laborales, sociales, políticos o culturales, presión social, … y posesión de los recursos mínimos necesarios para emigrar.

En ocasiones se trata de una «necesidad de emigrar», para muchas personas que sufren una situación que les impide vivir dignamente en sus países de origen:

– Económicos: La expansión de las relaciones de producción de tipo capitalista, la generalización de la salarización, la proletarización masiva de las capas campesinas y rurales, los desequilibrios demográficos, ambientales, disponibilidad de recursos, el crecimiento demográfico, la saturación de los mercados, agotamiento de recursos económicos, deterioro ambiental deteriorando la calidad de vida y amenaza la salud, base económica inadecuada debido a una mala estrategia, organización o gestión económica, falta de oportunidades de empleo…
– Políticos: Las guerras, los intereses estratégicos, la represión, las guerras civiles, las intervenciones militares enfrentamientos étnicos o religiosos…
– Sociales: La pauperización, el desarraigo, la exclusión, la expropiación, degradación del medio ambiente, al agotamiento de las tierras, cambios demográfico, contexto social y cultural: carencias sanitarias, educativas, escasos servicios de formación, escasa facilidades de acceso a la cultura, opresión de los derechos humanos: clases sociales limitadoras, empobrecimiento, discriminación por raza, etnia, religión o sexo…

Las causas económicas se mezclan o se confunden con políticas y las sociales, interviniendo todas, en mayor o menor medida, en la motivación de los movimientos migratorios.

La ausencia de oportunidades de todo tipo y fundamentalmente de empleo, en los países de origen, se combina con la atracción de los países de destino. La solución es emigrar.

 
Mujeres inmigrantes:
A pesar de que a lo largo de la historia las mujeres han estado presentes en las migraciones es actualmente cuando se caracteriza por una gran presencia de mujeres. Los cambios en la situación familiar y la flexibilidad del mercado laboral han creado demandas cubiertas por el colectivo femenino. La mujer se siente responsable de la cohesión y de proteger la identidad cultural a la vez que desarrolla estrategias adaptativas para estabilizar a la familia.

Servicio doméstico:
La mayoría ha encontrado un hueco laboral dentro del servicio doméstico. Es una profesión no reconocida y remunerada que se convierte en la única salida para su subsistencia y legalidad, ya que le puede permitir un permiso de trabajo y residencia. Pero se encuentran la explotación y el abuso con jornadas interminables, con un salario mínimo, con la indefensión y la falta de información, ya que la mayoría desconoce sus derechos… Al no cotizar regularmente a la Seguridad Social ante accidentes o enfermedades se encuentran desprotegidas. Existen dos modalidades:

– La interna: Puede tener cubiertas las necesidades básicas, alojamiento y manutención lo que les permite un mayor ahorro. A cambio se encuentran con largas jornadas de trabajo y ausencia de libertad.
– La externa: Debe buscar el sustento y alojamiento por cuenta propia.

El aumento de la demanda de mano de obra para el servicio doméstico, a la vez que el descenso de la oferta de mano de obra española en este sector, ha hecho que sea un espacio en donde las mujeres inmigrantes desarrollen fundamentalmente su actividad laboral.

Sector agrícola:
En muchas zonas de nuestro país es uno de los pilares de la economía. Hay que tener en cuenta que el trabajo de asalariado agrícola se desarrolla predominantemente en España en la modalidad de jornalero o contratado a corto plazo, siendo muy escasos los contratos de trabajo formalizados. El problema de la escasez de mano de obra nacional se ha resuelto con las políticas migratorias en este sector.

Se realizan contratos, pero con irregularidades: No se da de alta al trabajador en la Seguridad Social, no coincide el contrato con la duración del trabajo, no se especifican los motivos que justifican la temporalidad, se les da de alta en el Régimen Especial Agrario cuando por el trabajo que realizan deberían estar encuadrados en el Régimen General de la Seguridad Social, pasan años con contratos temporales sin interrupción en la prestación del servicio. A todo ello se añade que la exigencia por parte del trabajador de las condiciones del contrato suele ir acompañada del despido.

Si el inmigrante está en España de forma ilegal la situación empeora ya que se encuentran a disposición del empresario.

El sector agrario aparece después del servicio doméstico como una de las actividades que agrupa mayor cantidad de mujeres en nuestro país, siendo en algunas regiones la única alternativa laboral para ellas.

La inserción laboral constituye un factor importante de la integración social por cuanto condiciona los ingresos económicos y la posibilidad de acceder a derechos como la vivienda, la sanidad o la formación. La incidencia del desempleo en el colectivo de inmigrantes tiene consecuencias aún más graves, pues la vinculación entre trabajo y situación regular para los solicitantes de permisos de trabajo y residencia conlleva que el paro pueda significar la salida de la regularidad y por tanto la exclusión social total, puesto que desde ese mismo momento su acceso a servicios y derechos está vetado. La no existencia de políticas activas de empleo destinadas a este colectivo dificulta la reinserción laboral en el mercado regularizado, quien ha perdido su permiso pasará a engrosar las cifras de economía sumergida junto a los que por carecer de él no pueden optar a otros puestos de trabajo.

 
 
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