Inadaptacion social. Conflicto social.

LOS PROCESOS DE «PERSONALIZACIÓN» E «INSTITUCIONALIZACIÓN» DEL CONFLICTO
Siguiendo a VALVERDE MOLINA (1993, pp. 130-132) podemos asegurar que en un principio, el conflicto no se plantea en el contexto individual sino grupal, y se basa exclusivamente en la dinámica social. El individuo que nace y se socializa en un entorno social desfavorecido puede llegar a desarrollar un comportamiento inadaptado con respecto de las normas y leyes. De ahí que se haya mantenido la opinión de que la situación de inadaptación es previa al propio individuo, el cual se verá envuelto en ella como una situación de normalidad. Por tanto, el comportamiento desadaptado, en su primera etapa, no tiene por qué suponer ningún tipo de alteración en la personalidad. Es decir, se trata de una conducta normal y adaptada en un contexto anormal e inadaptado en relación con las propias demandas sociales. 
Pero esa conducta desadaptada provoca, inevitablemente, la intervención de las instituciones de control social, tendentes a conseguir un control externo del comportamiento cuando el proceso de socialización no garantiza el control interno; esa intervención sólo se centra en el individuo concreto, no en su entorno. Así se va produciendo una progresiva personalización del conflicto, de manera que el individuo al sentir sobre sí mismo la presión marginadora de las instituciones de control social va considerándose a sí mismo como un inadaptado y tenderá a alejarse progresivamente de las normas convencionales de conducta, desarrollando unas pautas comportamentales acordes con la dinámica conflictiva en que se ve envuelto. Además, la veda relacional del joven se ve dificultada por un entorno social que no responde a sus necesidades y no le permite desarrollar sus capacidades. Todo ello hace que se desarrolle en él una percepción negativa de la sociedad y de sí mismo que le llevará a un profundo sentimiento de frustración y desvalorización personal.
 
La formalización del inadaptado como delincuente, dando respuestas jurídicas a problemas que no son jurídicos sino económicos, sociales, escolares, etc. y el progresivo endurecimiento y anormalización de las medidas adoptadas, provocan un distanciamiento y enfrentamiento profundos entre el individuo y el contexto social, llevando una cadena de agresiones mutuas que terminarán por alterar la conducta y la personalidad del individuo.
Los estudiosos han destacado dos características interrelacionadas de la personalidad del menor inadaptado: 
– INMADUREZ:
Dentro de la inmadurez podemos destacar:
– Búsqueda de gratificaciones inalcanzables: Lleva a un conflicto con las normas sociales, lo que produce una actitud de oposición, que conduce al menor a que se perciba a sí mismo como víctima y al entorno como agresor. De ahí el escaso sentimiento de culpabilidad y autojustificación del comportamiento, lo que va a provocar con el tiempo el paso de víctima a agresor.
– Vacío de sí mismo: Sería el resultado de las agresiones que ha sufrido por parte de su ambiente. No mantienen vinculaciones con el pasado, a menudo dramático que, aún colaborando en la formación de su personalidad, rara vez es asumido conscientemente. El presente es percibido de manera concreta limitándose al «aquí y ahora». El futuro casi no existe ya que no tienen perspectivas de futuro.
– Comportamiento contradictorio: Fluctuaciones de su conducta y múltiples variaciones por no sacar provecho de la experiencia, cometiendo los mismos errores.
– Búsqueda de prestigio: Debido al entorno en el que viven afirman su identidad de manera agresiva como necesidad de valorarse a sí mismos.
– Adaptación situación: La obligación a responder constantemente a acontecimientos que no controla le lleva a vivir deprisa y sacar el máximo provecho a la situación.
– INSEGURIDAD: 
* Inseguridad situacional: La forma en que responde a situaciones de su vida.
– Comportamiento descontrolado:
Aparentemente puede presentar una imagen contradictoria de su personalidad. Su comportamiento parece descontrolado y con continuas oscilaciones según la situación.
Los acontecimientos parecen ir por delante, por lo que se ven obligados a responder en el mismo momento en que se producen. 
Manifiestan conductas exageradas, desproporcionadas entre la respuesta y la situación. Cualquier situación irrelevante puede provocar reacción exagerada.
Su comportamiento es difícil de prever. Esta imprevisibilidad no implica incoherencia sino que sería necesario conocer los patrones de interacción que relacionan su respuesta con la situación concreta.
– Desvinculación respecto al entorno:
No se siente integrante del entorno, lo que le lleva a una indiferencia, despreocupándose de su conducta y relacionándose con su entorno de una manera egocéntrica.
* Inseguridad relacional: La forma en que establece sus relaciones interpersonales.
La capacidad alterada para conectar con las situaciones también afecta a las relaciones con las personas de su entorno. Suele tener un sentimiento de soledad aunque busca permanentemente la compañía de otros sólo establece relaciones superficiales debido a:
– Desconfianza por sus numerosos fracasos. Bloquea su necesidad de afecto.
– Indiferencia afectiva. Aparece como frío, duro despreocupado por los demás. Esto seria un mecanismo de defensa ante las frustraciones emocionales.
– Labilidad afectiva: Puede pasar de un estado de ánimo a otro con gran rapidez, reaccionando de una manera ahora y de otra un momento después.

Inadaptacion social: la escuela

LA ESCUELA
La escuela tiene como objetivo la satisfacción de unas necesidades sociales concretas, pero además según Shipman es «el escenario social en donde los niños deben afrontar y resolver los modelos, frecuentemente conflictivos, disponibles para que sean copiados por ellos».
La escuela reproduce las características del contexto social tanto a nivel de objetivos como de planteamientos, estructura, valores, etc. Ese sistema social que reproduce la escuela no es igualmente próximo a todos sus destinatarios, sino que sólo es reflejo de las pautas normativas y culturales de un grupo determinado del que surgen también las costumbres, normas y leyes de la sociedad. Así, la adecuación o inadecuación de la escuela estará en relación con la proximidad o lejanía del individuo con respecto al grupo normativo, de forma que los resultados que dicho individuo obtenga estarán en función de esa distancia (GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1976, p. 84).
Casi todos los autores hacen referencia al contexto escolar a la hora de señalar las instancias de socialización que influyen en el individuo, a saber: PACHECO DÍAZ y ZARCO RESA (1993, p. 192), SÁNCHEZ PALOMINO y VILLEGAS LIROLA (1997, p. 163) o VALVERDE MOLINA (1980, p. 339). Este autor llega a precisar tres variables: La distancia entre la escuela y el niño, la edad a la que accede el niño a la escolaridad y las expectativas de futuro.
En esta línea, DE MIGUEL (1986) pone de manifiesto al hablar de las «escuelas eficaces» un conjunto de variables que inciden en la eficacia de la escuela, a saber: Motivación y satisfacción del profesorado, tamaño reducido de las escuelas, clima institucional y de las unidades organizativas, y las expectativas de cambio.
Los niños procedentes de diferentes contextos sociales, culturales o geográficos, parten de distintas posiciones pero no tiene razón de ser el hecho de considerar que por ser diferente sea intelectualmente inferior. El problema es que lo que transmite la escuela es algo alejado de su propia vida, motivaciones e intereses; siendo este un hecho innegable en el sistema educativo, caracterizado por su rigidez y uniformidad, que abandona a su suerte a aquellos individuos que no se adaptan a sus contenidos, estructura, disciplina, etc.
El inadaptado procedente de una familia desestructurada llega a la escuela en inferioridad de condiciones y se encuentra, por una parte, con una institución que no arbitra las estrategias necesarias para suplir dichas carencias y, por otra parte, con el hecho de que la relación familia-escuela es nula, convirtiéndose la inadaptación escolar en una continuación de la familiar.
El rendimiento escolar está relacionado con el capital cultural que posee la familia: El lenguaje, la forma de razonar, el interés por la cultura, valor otorgado al estudio, disciplina en el trabajo, aseo, etc. Todos estos factores ayudan a la adaptación al medio escolar. Los niños procedentes de un medio marginal pertenecen a una cultura en que tanto el lenguaje como los valores y normas de conducta difieren de los considerados «normales». Esta procedencia diferenciada tendrá una incidencia muy negativa en relación con la experiencia escolar del menor marginal, traducida en términos de absentismo escolar, crítica y rechazo a la escuela, relaciones interpersonales dificultosas y, en definitiva, segregación escolar. La institución escolar refuerza la inadaptación social (de la familia y el barrio al que pertenece el niño) debido a sus características propias como instrumento de selección y dominación ideológica que exige actitudes y conocimientos acordes con los valores de las clases dominantes.
El individuo poco a poco tomará conciencia de ser diferente, de ser un desviado, y actuará en consecuencia. La actitud del inadaptado como respuesta a la segregación escolar producirá su etiquetado por parte de los maestros y los propios compañeros como «gamberro, golfo, chorizo, …», lo que supondrá un refuerzo a su conducta inadaptada. El proceso termina generalmente con la expulsión del centro escolar.
El inadaptado y el marginado se encuentra, en muchos casos, con una escuela que es excesivamente rígida, autoritaria, discriminatoria y competitiva y que da lugar a la sumisión, memorización (en detrimento del esfuerzo de la inteligencia), masificación y marginación de los individuos con problemas. Una escuela que adolece de espacios y condiciones adecuadas para juegos, deportes y esparcimiento o que es incapaz de enseñar a resolver, disfrutar, convivir, solidarizarse, participar y ser libre…

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