Violencia escolar. Respuesta educativa

La atención a la diversidad, el aprendizaje de la convivencia, la educación en actitudes y valores, se muestran como prioridades para la educación institucionalizada. El carácter no estrictamente académico de dichas prioridades choca con ciertos profesionales dentro de la actividad docente, y con ciertas posiciones ideológicas en política educativa y curricular; y esto es así sobre todo en el ámbito de la educación secundaria, el tramo del sistema educativo donde siempre se concentran los grandes debates de fondo sobre la educación. El riesgo de fragmentación social y cultural, y de deterioro de la escuela hacen aún más urgente la toma de conciencia de los docentes acerca de estos problemas. 
Se podría diferenciar entre dos grandes tipos de respuesta educativa ante el comportamiento antisocial en las escuelas:
– Un respuesta global a los problemas de comportamiento antisocial que se podría considerar como prevención primaria (Moreno y Torrego, 1996). 
Se trataría de una respuesta global porque toma como punto de partida la necesidad de que la convivencia se convierta y se aborde como una cuestión del propio centro: aprender a convivir, desarrollar relaciones interpersonales, colaboración, hábitos adecuados… El centro escolar debe analizar e incluir las cuestiones relacionadas con la convivencia y sus dificultades, en el contexto del currículo escolar, de las decisiones sobre él, de la estructura organizativa del centro…
Los conflictos de convivencia y los retos de la vida cotidiana dentro de la institución, afectarían a todas las personas de la comunidad escolar, no sólo a los directamente involucrados, por lo que todos tendrían una participación activa en la prevención y tratamiento.
– Una respuesta más especifica: Elaboración de programas específicos destinados solucionar aspectos determinados del problema de comportamiento antisocial o manifestaciones concretas. Se trataría de prevención secundaria y terciaria (Trianes y Muñoz, 1997; Díaz-Aguado, 1992; Díaz-Aguado y Royo, 1995; Gargallo y García, 1996; Pérez, 1996). 
En España ya se han aplicado muchos de estos programas citaremos alguno: 
– Programa de Desarrollo Social y Afectivo en el aula
(Trianes, 1995; Trianes y Muñoz, 1994, 1997). 
Sus objetivos son: la construcción de un estilo de pensamiento para la resolución no agresiva de problemas, una perspectiva moral, la práctica y el aprendizaje de la negociación, la respuesta asertiva y la prosocialidad (apoyo y cooperación) en distintas situaciones posibles, el desarrollo de la tolerancia hacia las diferencias personales y la responsabilidad social, el aprendizaje de procedimientos democráticos de confrontación verbal, y la muestra de respeto y de aceptación hacia las decisiones tomadas por mayoría.
– Programa para promover la tolerancia a la diversidad en ambientes étnicamente heterogéneos (Díaz-Aguado, 1992, y Díaz-Aguado y Royo, 1995). 
Los elementos principales de este programa son: el aprendizaje cooperativo con miembros de otros grupos étnicos, discusión y representación de conflictos étnicos con objeto de fomentar la adecuada comprensión de las diferencias culturales y étnicas, desarrollando empatía hacia gentes o grupos que sufren el prejuicio racial, así como habilidades que capaciten a los alumnos para resolver conflictos causados por la diversidad étnica Como técnicas se utilizo la comunicación interpersonal, el diseño de situaciones y materiales que incrementen el aprendizaje significativo, conectar las actividades escolares con las actividades que llevan los alumnos desaventajados socioculturalmente, fuera de la escuela, favoreciendo actitudes y procesos cognitivos contrarios al prejuicio racial.
– Programa para fomentar el desarrollo moral a través del incremento de la reflexividad (Gargallo, 1996). 
Este programa pretende incrementar la reflexividad de los estudiantes y así el descenso de la impulsividad, desde el convencimiento de que existe una relación positiva entre reflexividad y desarrollo moral. El programa incluye una amplia variedad de estrategias cognitivas con las que trabajar en clase con los alumnos.
– Programa para mejorar el comportamiento de los alumnos a través del aprendizaje de normas (Pérez, 1996). 
Este programa se centra en el aprendizaje de reglas de comportamiento tanto en el centro escolar como en el contexto específico del aula. Pretende fomentar la participación del alumno en la organización de la vida del aula a través de su implicación activa en la construcción de normas de comportamiento Demostró ser muy eficaz para hacer frente a problemas de disciplina y de comportamiento disruptivo en el aula, por lo que se le puede suponer su importancia para prevenir otro tipo de comportamiento antisocial mas grave en los centros educativos.
Todos estos programas específicos aportan al profesorado herramientas contrastada para trabajar en los centros y en las aulas.
MITOS SOBRE LA VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS: 
Veamos algunos de los mitos en relación con la violencia escolar:
– La violencia en los centros de enseñanza se trata de una novedad, propia de los jóvenes de hoy, de las características favorecedoras de los centros de enseñanza, y de la dejadez de los padres.
Pero no es ninguna novedad. Los fenómenos de violencia escolar se han producido siempre pero ahora son más visibles porque afectan a más personas, y porque los medios de comunicación, los padres y madres de los alumnos y la sociedad en general, se han hecho mucho más sensibles a todo lo relacionado con la educación.
– La violencia en las escuelas forma parte de casos aislados y que sólo una minoría de alumnos y profesores sufren este tipo de situaciones. Con esto se pretende no dar la alarma social.  
 
No son sólo unos pocos los afectados ya que los fenómenos de violencia en las escuelas están relacionados con otras variables propias del entorno de la escuela y del contexto familiar y social de los alumnos. Con lo que no pueden abordarse de una manera aislada.
 
– La violencia en los centros es la amenaza más grave que tiene nuestro sistema escolar, con lo que hacen falta medidas urgentes. La única solución será los castigos, expulsiones, cambios de centro… Pero los problemas de violencia no pueden abordarse solo por esta vía ya que pueden multiplicarse y ser mas graves. 


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