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MEDIADOR/A SOCIAL EN

EDUCACION AFECTIVO-SEXUAL

 

A DISTANCIA
Duración: 200 horas. Un año para realizarlo, sin tiempo mínimo.
MATRICULA ABIERTA TODO EL AÑO.
DIPLOMA acreditativo, con nº de horas, contenidos desglosados y calificacion
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El ser humano es un ser sexuado y como tal vive a lo largo de su existencia. Muchas veces al hablar de sexualidad reducimos ese ámbito de vivencias, experiencias, a temas tan concretos como las relaciones sexuales, la anticoncepción, los riesgos asociados a la sexualidad, etc. Todas estas posibilidades, aún en su amplitud, no hacen sino ofrecernos una visión reducida de lo que es el «Hecho Sexual Humano».

Hablar de Educación Afectivo-Sexual es hablar de uno de los ejes de la Sexología. Como todos los/as educadores/as saben, es imposible no educar, no comunicar, no transmitir; aún el silencio más absoluto está transmitiendo un determinado mensaje, nuestras actitudes transmiten directa o indirectamente un tipo de valores, de comportamientos, ejemplos a seguir para las personas a las que educamos y para las cuales somos modelos. Como educadores/as haremos hincapié en las actitudes y valores que transmitimos en lo referente a la sexualidad, una sexualidad positiva, sana y cuyas funciones son múltiples, no reduciéndola a una mera prevención de riesgos o asociándola con las relaciones sexuales exclusivamente genitales, ni coitales, sino una sexualidad y una erótica más global.

La Educación Afectivo-Sexual pretende ir más allá de la información, de la mera transmisión de contenidos y conceptos que suelen recibir los jóvenes. Debe estar integrada en la educación de cada persona, desde los diferentes ámbitos: escolar, familiar, social. La familia debe ser el primer y principal ámbito educativo para las personas, desde los primeros momentos de vida, pues son los padres/madres, quienes generalmente tienen mayor influencia en la vida de los hijos/as. Ello incluye la educación en todos sus aspectos, y la Educación Afectivo-Sexual no puede ni debe ser una excepción. Esta tarea debe realizarse con naturalidad, según las necesidades que los/as niños/as tienen en cada momento y en cada etapa evolutiva.En nuestra labor como educadores/as, no debemos caer en el error de centrarnos únicamente en las relaciones sexuales, muchas veces entendidas exclusivamente como relaciones coitales, genitales, ni en el uso de anticonceptivos, ni siquiera solamente en la prevención de riesgos (embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual o SIDA). Aunque estos son aspectos muy importantes para una vida sexual sana y positiva, la educación tiene que ir más allá, sobre todo si buscamos la educación integral, global de cada persona. Una educación que integre diferentes valores, cada cual con los suyos, que sea respetuosa con las diferencias, que permita conocer cuál es el funcionamiento del propio cuerpo y, hasta donde nos sea posible, el de nuestra pareja, conociendo cuáles son los sentimientos, emociones y vivencias como seres sexuados.

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