Alcoholismo. Prevencion. Cursos

DEFINICIÓN DEL MEDIADOR/A

Curso prevencion alcoholismoEntendemos por mediador/a social, aquella persona que se muestra involucrada en la vida de una comunidad. Destacamos entre las actitudes propias de estos agentes:

1. La Capacidad de liderazgo que le otorga el reconocimiento de sus compañeros, procurándole una posición social estratégica.
2. La sensibilidad ante las necesidades y problemas de su entorno.

Estas dos cualidades convertirán al mediador/a social en un agente de cambio social. Paralelamente a estas capacidades  del/la mediador/a social, intervienen otras como la motivación, el entusiasmo y la perseverancia  en sus intervenciones, sin las que le será difícil inducir un cambio sobre la población diana.

En resumen, podemos considerar como mediadores, entre otros, a:
– Miembros de asociaciones juveniles.
– Voluntarios implicados en acciones sociales.
– Grupos de apoyo social.
– Religiosos.
– Equipos deportivos o deportistas, etc.

FUNCIONES DEL MEDIADOR/A DE PREVENCIÓN

El mediador/a cuando se involucra en acciones de prevención busca como objetivo principal:

«Recoger la preocupación social por el problema de las drogas y actuar con las personas susceptibles de consumo, consiguiendo dinamizar a la comunidad próxima y a la sociedad de modo que sea posible la trasformación de valores y actitudes positivas hacia la salud en general y de la prevención de drogodependencias en particular».

De las funciones y competencias a desempeñar por el mediador/a, recogemos las que consideramos más relevantes (A. Ezequiel):

– Dinamizar el cambio hacia la  resolución de problemas. Suscita, excita, incita, sensibiliza, motiva e interesa a las personas, alentando la participación activa de estas en programas o actividades proyectadas.
– Actuar de puente para la búsqueda de soluciones. El mediador/a vive y convive con los problemas de la población sobre la que pretende actuar, pero su función no es resolver por ellos los problemas sino junto  con ellos, analizarlos y buscar caminos alternativos para resolverlos.
– Asesoramiento y acompañamiento. Proporciona los elementos, conocimientos y asesoría técnica para que el «aprender haciendo» sea el método más efectivo para la consecución de los objetivos fijados.
– Actuar como promotor de estilos de vida saludables, alternativos al consumo de sustancias.

Además, puede ser el puente de conexión con las instituciones de la comunidad, convirtiéndose en el nexo fundamental entre los servicios de prevención de drogodependencias y los miembros de la comunidad.

La coordinación suele ser una de las estrategias más eficaces para el desempeño de las funciones de un grupo, por lo que la coordinación del mediador/a con los recursos existentes en la zona, el conocimiento de su plan de actuación, objetivos de intervención, beneficiarios directos e indirectos, contribuye a la mejora de la calidad de la actuación a realizar.

En primer paso que deberíamos dar seria elaborar, una base de datos a modo de «Guía de Recursos»3, cuyos objetivos principales serían:

– Facilitar una relación pormenorizada de los recursos y programas o de iniciativa social que presten servicios relacionados con la tarea de nuestra entidad.
– Facilitar a los voluntarios que desarrollen su labor en nuestra entidad, información especializada que facilite su trabajo diario contribuyendo a optimizar la atención prestada, conociendo el contexto social y los recursos útiles a utilizar en las distintas circunstancias de la intervención.

El papel del experto/a (Trabajador/a social, Psicólogo/a,…) es el de promover la información y formación de los mediadores sociales, con el objetivo de que éstos, desde su capacidad de dinamización multipliquen las oportunidades de promover hábitos saludables en el seno de la comunidad. Los expertos deberán necesariamente promover junto con los mediadores sociales una estrategia horizontal de intervención.

CARACTERISTICAS DEL MEDIADOR/A EN PREVENCIÓN

Entre las características básicas  el mediador deberá tener:

1. Autoconcepto: El autoconcepto ocupa un lugar privilegiado en el origen y refuerzo de la autoestima. A su vez, dirige a la afectividad y  la maduración de las conductas.
2. Autoestima positiva6: Evaluación de la información contenida en el autoconcepto, lo que la persona siente que es. Es aquello que cada uno piensa de sí mismo, el juicio que se tiene sobre sí mismo.
3. Las habilidades sociales ayudarán a resolver y conseguir los objetivos marcando y  prefijado en la acción preventiva. Aspectos de gran importancia al hablar de relación entre personas serían: LA EMPATÍA, ASERTIVIDAD9, ESCUCHA ACTIVA, etc.
4. La toma de decisiones; ante situaciones imprevistas en las cuales tenemos que optar por unas medidas u otras. Siempre tendremos que analizar el problema teniendo en cuanta los objetivos marcados  y los recursos disponibles, así como las posibles consecuencias de nuestra decisión.
5. El  liderazgo, siempre en el buen sentido de la palabra. Adoptaran la capacidad necesaria para que las decisiones tomadas sean aceptadas por las personas y estas se esfuercen en conseguir las metas marcadas. Intentarán potenciar a las personas que han acudido a nosotros con una necesidad.

Un buen mediador en drogodependencias debe:

1. Estar muy próximo o formar parte de la realidad sobre la que se desea intervenir.
2. Saber efectuar un análisis de la realidad con la que se ha propuesto emprender la acción preventiva (conocer los factores de riesgo y de protección).
3. Saber evaluar y optimizar los recursos con los que cuenta para desarrollar la acción.
4. Actuar de forma dinámica con la población destinataria de sus acciones en prevención.
5. Conocer de forma realista el fenómeno del consumo de drogas.
6. Manejar eficazmente algunos conceptos básicos relacionados con la prevención.
7. Crear corrientes de opinión alternativas a la cultura de consumo.
8. Capacidad de conectar la realidad del entorno con la oferta de consumo.

Ante todo, los mediadores sociales, deben poseer unos determinados principios:

– Personalización: consiste en la creencia, en la capacidad de cada persona para la superación de su propia situación de dificultad, donde el mediador/a actuará como promotor del surgimiento y puesta en marcha en dichas capacidades.
– Individualización: diferenciará a los grupos de personas a los que va dirigida la actuación preventiva. Cada grupo es diferente y tiene sus propias creencias, valores, capacidades, necesidades y vivencias.
– Aceptación: aceptará a los grupos con los que trabaje. Pueden gustarle o no su forma de ser, pero su tarea no es cambiar personalidades, sino modificar conductas.
– Actitud exenta de juicio: no juzgará a las personas a las que esté brindando su apoyo.
– Autodeterminación: aceptación del otro, teniendo en cuenta la libertad de cada persona y grupo para decidir lo que considere oportuno, respetando su decisión.
– Sociabilidad: concebirá a la persona o grupo como miembros de una sociedad en la que debe interactuar y para lo que deberá apoyarles.
– Respeto: tratará siempre al otro u otros desde el plano de la igualdad.
– Participación: fomentará la participación de las personas en dos aspectos, en su relación con el grupo o la sociedad en la que vive y la participación activa en la resolución de sus propios problemas.
– Intimidad: confianza que se establece en una relación con un vínculo de intimidad de la persona.

LA PREVENCION
El problema en sí de la prevención ha sido denunciado desde muchos ámbitos y colectivos. Sírvanos, de ejemplo, un extracto de la denuncia que la Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA) realiza:

«… FACUA advierte que la solución a la problemática del alcohol entre niños y adolescentes no debe basarse en medidas represivas contra los jóvenes, tales como la prohibición del consumo en la calle, que sería ineficaces, sino en el fomento de otras alternativas de ocio, campañas educativas y acciones contundentes contra los mensajes peligrosos de la industria de las bebidas alcohólicas y quienes venden alcohol a menores. Para todo ello, indica la Federación, será necesaria la colaboración del Gobierno central con los autonómicos y los ayuntamientos así como con las organizaciones ciudadanas y los empresarios..».

Cuando abordamos el tema de la prevención, nos puede asaltar la duda de si realmente podemos prevenir el abuso de alcohol.

Tenemos claro que para evitar las consecuencias debemos evitar el hecho del consumo. En el caso del alcohol hemos descrito con anterioridad lo imbricada que está dicha sustancia a nuestra cultura vitivinícola.

En este sentido, la sociedad española fue caracterizada por Alonso Fernández en 1991, como una sociedad Alcohófila, cuyos rasgos característicos pasamos a enumerar:

Frente a esta situación la solución que juzgamos más adecuada no es la búsqueda de mensajes prohibitivos o macabros13, sino fomentar los factores preventivos ante el abuso de alcohol.

J. Santo-Domingo (2002) señalaba la existencia de puntos en los que se produce un acuerdo general respecto a la validez para prevenir algunos de los problemas y conductas de riesgo relacionadas con el alcohol en el joven. Estos son:

– La necesidad de información para jóvenes, familiares y educadores, que tiendan a aumentar los conocimientos sobre los riesgos y daños y a variar las actitudes sobre el consumo.
– En íntima relación con lo anterior, la acción tendente a contrarrestar la aceptabilidad y el prestigio social del alcohol en sus diferentes formas de consumo, individual, familiar y social.
– Retraso de la iniciación del uso del alcohol hacia los 17-18 años, para ambos géneros.
– Reducción, a través de medidas educativas, de los/as docentes, familias y otros agentes sociales, de la bebida habitual de alcohol por el adolescente.
– Promoción de estilos de vida saludables, que integren alimentación adecuada y actividades físicas, escolares, laborales y de ocio positivas.
– Formación familiar respecto los factores positivos y negativos que existen en la propia familia y el papel de esta en los riesgos relacionados con el alcohol y en su prevención.
– Educación de los adolescentes y familiares respecto la vida sexual, sus riesgos y la forma de prevenirlos.

 

Prevención de la demanda:

La disponibilidad de las drogas es sólo una parte del problema. Creemos que la prevención sobre la demanda es la que podemos hacer como miembros de la comunidad. Además, es la que mejores resultados da. Las acciones desde la cultura, la publicidad, actividades escolares, familiares, deportivas,… se encuadran dentro de esta visión de la prevención.

El GiD (Grupo interdisciplinar sobre Drogas), expone en su informe «La oferta de drogas y los programas de intervención» en junio de 2000:

«adquirir un conocimiento preciso de la oferta de drogas puede servir no sólo para incidir directamente sobre la oferta, sino también para adaptar las técnicas y estrategias utilizadas en los programas preventivos que ya se realizan. De esta forma, puede ofrecer interés el conocimiento del mapa de la oferta de drogas que existe en un momento y lugar determinados.
No será igual una oferta de la mano de un amigo, de un compañero consumidor de otras drogas, de un desconocido, del dueño de un establecimiento… con diferentes vínculos afectivos, diferentes estilos y formas de comunicación , diferentes aspectos compartidos en actividades laborales o escolares , lúdicas, de consumos ,etc. De esta forma podríamos pensar en este caso en técnicas de resistencia a la persuasión muy específica y diferenciada, mucho más elaboradas y eficaces que las mil formas de decir NO, a un amigo, a un conocido, o a tu vendedor habitual…

 Aspectos como las drogas que se ofrecen, a qué sectores de población ,en qué cantidades , las sustancia de mezcla, en qué forma se ofrece, las relaciones entre ofertadores y cliente … nos puede ilustrar en la forma en que los programas de prevención deben diseñarse. Desde este conocimiento, se pueden diseñar programas dirigidos a un sector concreto de población, por su vulnerabilidad a una oferta determinada, o referidos a una sustancia concreta, etc.».

– Prevención inespecífica:

Actuaciones que no tratan el problema del consumo y el abuso directamente, la influencia es indirecta (educación, cultura, tiempo libre, etc.).

– Prevención específica:

 Abordan el tema del abuso de alcohol de una forma clara, concreta, y directamente.

Consumidores abusivos de alcohol:

Aunque la proporción de jóvenes que bebe en días laborables es relativamente baja, se observan patrones de consumos abusivos de alcohol de cierta relevancia (del 4,3% entre el grupo de 15-19 años, del 5,8% en el de 20-24 años y del 7,3% en el de 25-29 años) .

Hay que resaltar el importante descenso de los consumos abusivos de alcohol en ambos sexos entre 1997 y 1999.

Un 11,8 % de los jóvenes de 15-19 años realizan consumos abusivos de alcohol en el fin de semana, en niveles similares para ambos sexos (el 12,4 % de los hombres y 11,1 % de las mujeres de esa edad). No obstante los mayores consumos abusivos se registran en la banda de 20-24 años, donde alcanzan globalmente al 16,2% de los jóvenes (18,2 % de los hombres y 13,7 % de las mujeres).



Intoxicaciones etílicas agudas (borracheras):

Un 18,4% de los encuestados en 2001 se había emborrachado durante los últimos 12 meses con diversa frecuencia. La prevalencia en hombres (26,2 %) fue más del doble que en mujeres (10,5 %). La mayor prevalencia anual de borracheras se observó en el grupo 15-29 años, en el que un 37,7  % de los varones y un 20,3 % de las mujeres se habían emborrachado alguna vez. Por su parte, la mayor prevalencia semanal se halló entre los 15 y 34 años de edad (2,5 %) y la mayor prevalencia diaria entre los 35 y 64 años (1,1 % de los hombres y 0,2 % de las mujeres).



–    Edades de inicio al consumo de las drogas:
El contacto de los escolares con las diferentes drogas se produce en edades tempranas. El contacto con el alcohol, se produce en los varones en edades algo más tempranas, observándose una mayor precocidad entre las chicas para el resto de las drogas.
 
–    Contacto de los escolares con las distintas drogas:
El consumo de drogas entre los escolares españoles continúa ajustándose a un patrón caracterizado por los consumos experimentales u ocasionales de las distintas drogas, en especial con el alcohol, entre otras y vinculados a contextos lúdicos y realizados en el fin de semana.


Patrón del consumo de alcohol:
 
El consumo de bebidas alcohólicas está bastante generalizado entre los estudiantes de Secundaria, a pesar de la importante reducción ya apuntada en sus prevalencias de uso con respecto a los años precedentes: el 76,0 % ha consumido alcohol alguna vez, el 75,3 % lo hizo en los últimos 12 meses y el 58 % en los últimos 30 días.

Hay que destacar que, si bien el consumo de alcohol está muy generalizado, su uso se concentra básicamente en el fin de semana. 


Del 58 % que ha consumido alcohol en los últimos 30 días, el 42,9 % restringió el mismo exclusivamente al fin de semana, en tanto que un 14,7 % bebió en días laborables y en el fin de semana y un 0,4 % bebió sólo en días laborables.

Los resultados de la Encuesta sobre Drogas a Población Escolar 2000 confirman un fenómeno ya observado en 1998, como es la existencia de prevalencias de uso superiores en las chicas que en los chicos para los tres indicadores de consumo utilizados (consumo alguna vez, últimos doce meses y últimos treinta días).

No obstante, las cantidades de alcohol ingerido continúan siendo mayores entre los varones. Las prevalencias de consumo de bebidas alcohólicas aumentan a medida que lo hace la edad, aunque el crecimiento no es lineal, produciéndose el mayor incremento entre los 14 y 15 años.

Considerando las cantidades de alcohol consumido y tomando como referencia las unidades de bebida estándar, se constata que entre los consumidores de alcohol en los 30 días previos a la encuesta, la cantidad media de alcohol consumido en c.c. de alcohol puro es de 8,4 c.c. en día laborable y 160,9 c.c. durante el fin de semana (viernes y sábado). De hecho casi la mitad de los consumidores de los últimos treinta días (26 % sobre el total de encuestados) consumen 100 ó más c.c. en fin de semana.

    Las cantidades de alcohol consumido en función del sexo de los escolares, tanto en días laborables como en fines de semana, son significativamente superiores en los chicos, que alcanzan como media los 189,6 c.c. en el fin de semana, frente a los 130’0 c.c. entre las chicas.

Un indicador indirecto del abuso de alcohol entre los escolares lo constituyen los episodios de intoxicaciones etílicas (borracheras). En este sentido hay que apuntar que un 39,7 % de los encuestados declara haberse emborrachado alguna vez a lo largo de su vida, tanto más frecuentemente cuanto mayor es la edad del entrevistado (desde el 15,9 % para el grupo de 14 años hasta el 65,5 % en el de 18 años). Por su parte, un 20’6 % de los alumnos afirma haberse emborrachado en los últimos 30 días, situándose para este periodo de tiempo la media de borracheras en un valor de 1,3 (1,5 para los chicos y 1,2 para las chicas).

Todos estos valores aumentan, lógicamente, si se consideran exclusivamente los consumidores de alcohol en los 12 meses anteriores a la encuesta, entre quienes un 54’7 % declaró haberse emborrachado alguna vez y un 29’1 % haberlo hecho en los últimos 30 días, situándose la media de borracheras durante los últimos 30 días en 1,5.

DATOS DEL CONSUMO DE ALCOHOL ENTRE
LOS ESCOLARES ESPAÑOLES:

La Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas viene desarrollando desde 1994 el programa de Encuestas Nacionales sobre Drogas con carácter bianual Estudiantes de Secundaria con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años. Esto permite conocer la situación actual de los consumos de las distintas drogas, las tendencias, las actitudes, las opiniones, etc. de los escolares.

– Prevalencia del consumo de alcohol:
El alcohol es la sustancia más consumida entre los estudiantes de secundaria, de tal manera que un 76 % de los escolares ha ingerido bebidas alcohólicas a lo largo de su vida y el 58% lo ha hecho en los últimos 30 días. El consumo se concentra fundamentalmente en el fin de semana y se observa una elevada continuidad en el hábito de ingerir bebidas alcohólicas, de tal manera que el 76,3 % de los escolares que ha consumido alcohol alguna vez en su vida ha repetido su uso en los últimos 30 días.

En cuanto a la frecuencia de los episodios de intoxicaciones etílicas (borracheras), el 39,7 % de los encuestados declararon haberse emborrachado alguna vez, con mayor frecuencia cuanto mayor es la edad del entrevistado (el 15,9 % en el grupo de 14 años y el 65,5 % en el grupo de 18 años). En cuanto a la frecuencia de borracheras en los últimos 30 días, un 20,6 % de los estudiantes declaran haberse emborrachado, ascendiendo la media a 1,3 borracheras/mes (1,5 para los chicos y 1,2 para las chicas).
El alcohol

Entre otras definiciones encontramos descrito el término «Alcohol» como:

«El alcohol de vino, alcohol etílico o etanol, de fórmula C2H5OH, es un líquido transparente e incoloro, con sabor a quemado y un olor agradable característico. Es el alcohol que se encuentra en bebidas como la cerveza, el vino y el brandy. Debido a su bajo punto de congelación, ha sido empleado como fluido en termómetros para medir temperaturas inferiores al punto de congelación del mercurio, -40 °C, y como anticongelante en radiadores de automóviles.

Normalmente el etanol se concentra por destilación de disoluciones diluidas. El de uso comercial contiene un 95 % en volumen de etanol y un 5 % de agua.

C6H12O6 ± 2C2H5OH + 2CO2

Desde la antigüedad, el etanol se ha obtenido por fermentación de azúcares. Todas las bebidas con etanol y casi la mitad del etanol industrial aún se fabrican mediante este proceso. El almidón de la patata, del maíz y de otros cereales constituye una excelente materia prima. La enzima de la levadura, la cimasa, transforma el azúcar simple en dióxido de carbono. La reacción de la fermentación, representada por la ecuación, es realmente compleja, ya que los cultivos impuros de levaduras producen una amplia gama de otras sustancias, como el aceite de fusel, la glicerina y diversos ácidos orgánicos. El líquido fermentado, que contiene de un 7 a un 12 % de etanol, se concentra hasta llegar a un 95 % mediante una serie de destilaciones. En la elaboración de ciertas bebidas como el whisky y el brandy, algunas de sus impurezas son las encargadas de darle su característico sabor final. La mayoría del etanol no destinado al consumo humano se prepara sintéticamente, tanto a partir del etanal (acetaldehído) procedente del etino (acetileno), como del eteno del petróleo. También se elabora en pequeñas cantidades a partir de la pulpa de madera.

La oxidación del etanol produce etanal que a su vez se oxida a ácido etanoico. Al deshidratarse, el etanol forma dietiléter. El butadieno, utilizado en la fabricación de caucho sintético, y el cloroetano, un anestésico local, son otros de los numerosos productos químicos que se obtienen del etanol. Este alcohol es miscible (mezclable) con agua y con la mayor parte de los disolventes orgánicos. Es un disolvente eficaz de un gran número de sustancias, y se utiliza en la elaboración de perfumes, lacas, celuloides y explosivos. Las disoluciones alcohólicas de sustancias no volátiles se denominan tinturas. Si la disolución es volátil recibe el nombre de espíritu».
 


El alcohol = Droga

El etanol, alcohol etílico o, simplemente, alcohol, es un líquido incoloro inflamable. Se produce en la fermentación de los azúcares de los jugos o zumos de diversas plantas o de sus frutos.

En las bebidas obtenidas por fermentación natural (vino, sidra y cerveza), el contenido alcohólico depende del porcentaje de azúcares del mosto. En estos casos el contenido alcohólico puede llegar como máximo al 16%. Las bebidas de mayor graduación se obtienen por adición de alcohol puro o por destilación. La destilación consiste en llevar a ebullición los líquidos fermentados y condensar los vapores producidos.

La calidad del vino o del producto destilado no repercute en sus efectos. Los efectos dependen de la cantidad de alcohol que contiene la bebida.

La cantidad de alcohol que contienen las bebidas es variable. Sin embargo, el problema no es tanto por la bebida alcohólica que se consuma, sino por la cantidad de alcohol que está concentrada en la sangre del bebedor. Es decir, bebidas como la cerveza contienen menores concentraciones de alcohol, pero si esta es ingerida en grandes cantidades, logra niveles en la sangre igual de nocivos que otras bebidas.

De acuerdo al procedimiento para la elaboración de las bebidas alcohólicas, estas son fermentadas o destiladas. Entre las fermentadas están la cerveza, champán, los licores de frutas, vinos de mesa y sidra y su grado de alcohol varía entre 10 y 20 %, mientras que entre las destiladas están: ron, tequila, whisky, coñac, ginebra, vodka, aguardiente, cremas de frutas y su grado de alcohol varía entre 40 y 50 %. Sus efectos son más acelerados  porque su  absorción es más rápida en el organismo.

EFECTOS DE LA INGESTIÓN  DEL ALCOHOL:

Una persona que ha ingerido una pequeña cantidad de alcohol, se siente, generalmente estimulada, manifestándose de diferentes modos:

–    Cariñosos.
–    Sociables.
–    Puede convertirse fácilmente en una locuacidad excesiva.
–    Alteración del juicio crítico.

El tipo de conducta difiere además según los individuos, y depende, en gran parte, de la personalidad.

Un mayor consumo de alcohol, conduce a:

–    Exaltación.
–    Exceso de confianza en sí mismo.
–    Alternancias súbitas entre el buen humor y la agresividad.
–    Deambulación incoherente.
A medida que aumenta el influjo del alcohol, la marcha se hace más insegura   junto con los  movimientos.

La intoxicación más intensa conduce a la inconsciencia total. El alcohol es un tóxico;  por eso la intoxicación, incluso la más ligera, puede describirse como un efecto de envenenamiento. Sin embargo, en la práctica, el término intoxicación alcohólica se reserva para los grados más intensos de intoxicación. Incluso la intoxicación alcohólica pasajera, puede en ciertos casos, conducir a lesiones orgánicas permanentes (lo expondremos en los casos de consumo por menores)

Si el contenido de alcohol en la sangre alcanza a 4 – 5 gr. por mil, pueden paralizarse partes vitales del Sistema Nervioso Central, haciendo cesar la respiración y la acción del corazón, con muerte consiguiente.

De cualquier forma, los efectos del alcohol dependen de múltiples factores como son la cantidad total de alcohol, en cuanto tiempo se consume, el peso corporal, el género, la edad, el humor o estado de ánimo, el ambiente en que se consume, la tolerancia adquirida, el consumo de medicamento u otras drogas, etc.

En determinadas circunstancias el consumo de alcohol conduce a reacciones mentales anormales como demencia alcohólica. Sin embargo, esto no es frecuente, excepto en los alcohólicos.

Los síntomas que se observan (siempre en individuos alcoholizados) son:

–    Retraso de la actividad mental.
–    Falta de memoria.
–    Embotamiento de la sensibilidad.
–    Alteración de la capacidad de juzgar la situación de tiempo y espacio.
–    Temblores e incoordinación del movimiento muscular.

También puede existir visión defectuosa, particularmente nocturna; reacciones tardías y aumento de la fatiga después de los esfuerzos.

Estas alteraciones funcionales significan que el individuo intoxicado no se haya en condiciones satisfactorias con respecto a situaciones tales como la conducción de vehículos y trabajos de precisión. El mecanismo causal de todos estos trastornos es el efecto de alcohol sobre el sistema nervioso, dado que es una droga psicodepresora, y por lo tanto, está alterada la transmisión de los impulsos nerviosos, que impiden el funcionamiento normal.
El alcohol produce sobre el organismo un efecto tóxico directo y un efecto sedante; además, la ingestión excesiva de alcohol durante periodos prolongados conduce a carencias en la nutrición y en otras necesidades orgánicas, lo cual complica la situación. Los casos avanzados requieren hospitalización.

Los efectos sobre los principales sistemas del organismo son acumulativos e incluyen un amplio rango de alteraciones en el aparato digestivo, entre las que destacan las úlceras de estómago y de duodeno, la pancreatitis crónica y la cirrosis hepática, así como lesiones irreversibles en los sistemas nerviosos central y periférico.

Pueden llegar a producirse desmayos, alucinaciones e intensos temblores, síntomas del síndrome de abstinencia alcohólica más grave, y el delirium tremens, que puede ser mortal a pesar del tratamiento adecuado. Se ha demostrado en fechas recientes que la ingestión de alcohol durante la gestación, incluso en cantidades moderadas, puede producir daños graves en el feto, especialmente retraso en el desarrollo físico y mental; la forma más grave de este retraso,  se llama síndrome de alcoholismo fetal.   

Pero además el alcohol es una de las llamadas drogas «duras» y en algunos aspectos (síndrome de abstinencia) más peligrosa que las más temibles drogas ilegales. Por otra parte su proceso de adicción está potenciado ya que es  legal, universal y barata, incluso se potencia con una gran propaganda en la mayoría de los casos asociándole características que ciertamente no tiene, incluso contrarias a las que realmente posee.

Psicología evolutiva y adolescencia

Algunas de las peculiaridades evolutivas de etapa son:

– Necesidad de reafirmación:

Entre las tareas a las que se enfrenta el/la adolescente en esta etapa la formación de una identidad propia  y junto a ella la preocupación por la auto-imagen y por ser aceptados por los demás.

Estas dos labores se ven relacionadas, ya que para crear su identidad, buscan un grupo de iguales en el que esta sea desarrollada. De esto modo, la identidad del individuo nace paralelamente a la del grupo.

El modo en el que se agrupan los/las jóvenes suele ser en pandillas en las que se siguen una serie de normas, fidelidades y «ritos». Algunos de estos  «ritos» con los que demandan su identidad se desarrollan en el ambiente de lo festivo y el movimiento estereotipado del fin de semana. Los niños y niñas aprenden a identificar el alcohol con el mundo de los adultos. El consumo les confiere, así, una identidad frente a los adultos, un sentimiento de pertenencia grupal e identidad frente a otros grupos.

– Necesidad de transgresión:

En nuestra sociedad actual no quedan aspectos que transgredir por los adolescentes, existe una gran permisividad desde todos los referentes de autoridad que interaccionan con ellos/as.

Así que, el espacio  que han elegido (inconscientemente) para  la transgresión, es el consumo de drogas, ese se localiza principalmente en ámbitos públicos o lugares de diversión, produciéndose en fines de semana. De este modo van en contra de las normas sociales y de lo que desde todos los ámbitos les indican que no deben hacer.

-Necesidad de conformidad intra-grupal:

El grupo de iguales sirve como refugio del mundo adulto, en él se emprenderá la  experimentación precoz con el alcohol. El/la  adolescente adquiere una dependencia de sus amigos/as del grupo y se observa una mayor tendencia a la conformidad con el mismo. No obstante, conviene apuntar que la vulnerabilidad a la presión de grupo, vienen modulada en gran medida por los recursos personales del menor, tales como la autoestima, asertividad, capacidad de enfrentarse a los conflictos típicos, habilidades sociales, etc.

– Sensación de invulnerabilidad:

El egocentrismo del adolescente y su necesidad de diferenciación le llevan a construir los que se ha denominado «la fábula personal» (Díaz-Aguado, Mª J., 1996).

Los adolescentes tienden a pensar, debido a que se produce una distorsión cognitiva, que las consecuencias negativas más probables de sus conductas de riesgo no pueden sucederles a ellos, porque ellos son especiales.

– El rechazo a la ayuda del adulto:

La creciente necesidad de autonomía que experimenta el adolescente, le lleva a rechazar la protección de los adultos y a enfrentarse a conductas de riesgo que pueden representar una importante amenaza para su desarrollo posterior.

– Susceptibilidad frente a las presiones del entorno:

Los adolescentes pueden ser particularmente sensibles a las campañas sofisticadas de publicidad diseñadas para asociar el consumo de drogas (tanto legales como ilegales) con una determinada imagen (Botvin, 1996).


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