Psicologia, Dinamica de Grupos, Aprender a Enseñar

dinamica de grupos

CONDUCCIÓN EFICAZ DE LA DINÁMICA DE GRUPOS PARA UN BUEN APRENDIZAJE

El conductor de Dinámicas para grupos no impone, no juzga, sino que de acuerdo con la teoría que fundamenta a las Dinámicas para grupos, el aprendizaje a través de estas ocurre en un proceso de cuatro fases:

1. Experiencia concreta: Vivir experiencias nuevas: La realización de actividades indicadas asociado a un juego a una diversión. La finalidad de esta fase es generar datos comunes para la de un análisis posterior. El conductor deberá vigilar que se realicen todas las actividades como se describen y permitir que los comportamientos se den libremente.

Errores: Limitar la presentación de comportamientos no esperados, dar más información de la necesaria para el desarrollo de la Dinámica, generar actividades en exceso o crear una atmósfera de presión y competencia…

2. Observar experiencias: Después de vivir la experiencia los miembros del grupo deben analizar lo que vieron, escucharon y percibieron durante la realización de las actividades de la Dinámica. La finalidad de esta fase es hacer que el grupo aproveche la experiencia vivida por cada individuo. Algunos de los métodos que puede utilizar el conductor para ayudar al grupo a obtener información sobre lo ocurrido:

– Registrar hechos concretos observados durante el desarrollo de la actividad y leerlos al grupo reunido en sesión plenaria.
– Dividir al grupo en subgrupos para que trabajen en preguntas como: ¿Qué vimos?, ¿Qué sentimos?…
– Entrevistar a cada participante acerca de la experiencia que vivió durante la actividad.
– Entrevistas por parejas o tríos.

Una vez obtenidos los datos deberá trabajarse tres importantes aspectos:

– Adquirir mayor conciencia de sus pensamientos y razonamientos (reflexión)
– Compartir el pensamiento y razonamiento con los demás (fundamento)
– Indagar el pensamiento y razonamiento de los demás (indagar)

Para ello el conductor debe alentar al grupo a explorar sus afirmaciones a través del siguiente procedimiento:

– Identificar las conclusiones a las que llegan los participantes.
– Solicitar los datos que llevaron a esas conclusiones.
– Identificar el razonamiento que relaciona los datos y las conclusiones.
– Identificar las creencias.
– Exponer las inferencias y verificarlas con los demás miembros del grupo.

3. Generalización: Extraer conclusiones: Conseguir que el grupo generalice el conocimiento adquirido al mundo real. La tarea especifica para el conductor es que el grupo logre abstraer del proceso algo que pueda aplicar fuera. Algunas de las estrategias generales para lograrlo serian:

– Guiarlos a imaginar situaciones reales.
– Análisis personal con cuestionarios.

4. Experimentación activa: La fase final es el propósito para el cual fueron diseñadas las Dinámicas para grupos. El conductor debe ayudar a los participantes a aplicar las generalizaciones a la situación real en la cual viven. Las técnicas que pueden ser utilizadas en esta fase son:

– Entrevistas en parejas o tríadas para ayudarse unos a otros.
– Escribir individualmente aplicaciones en la vida real.
– Haciendo promesas  de cambio.
– Trabajo en subgrupos.

Cómo se reconoce y se combate una adicción

Aunque todas las adicciones son nocivas, tanto para la persona adicta, como para los que le rodean, hay algunas que se reconocen y se combaten más fácilmente que otras.

Los factores de personalidad tienen un peso dentro del desarrollo de la adicción. La baja autoestima y la intolerancia a la frustración, tanto por parte de la familia, como del adicto, pueden empeorar la situación de forma alarmante.

Uno de los mayores problemas para el estudio y el tratamiento de este mal tan difundido, en la actualidad, es la creencia de que quien lo padece es una persona viciosa, inmoral, incapaz de controlar sus emociones e instintos, y digna de desprecios o rechazo, cuando es precisamente a través de la compresión y el apoyo de quienes lo rodean como puede encontrar la fuerza necesaria para su recuperación.

La rebeldía de los adolescentes se puede manifestar de diversas formas, pero lo realmente grave es cuando esta rebeldía se manifiesta a través de alguna adicción que puede destruir sus metas, anular sus motivaciones, los aniquilan neurológicamente o directamente los mata. Durante esta etapa de la vida, caracterizada por los notables cambios que provoca el desarrollo tanto físico como emocional, los jóvenes experimentan periodos de depresión durante los cuales, en el caso de tener acceso a drogas y experimentar su uso como parte de un patrón de comportamiento seguido por el grupo al que pertenecen, pueden adquirir una adicción.

Es muy importante, por lo tanto, que los padres, en esta etapa de la vida, estén muy pendientes de sus hijos, que se hable con ellos sobre el tema, que se les deje claro que la adicción es una enfermedad, pero que puede prevenirse si el adicto en potencia se mantiene alejado de factores de riesgo, como el consumo del alcohol y drogas.

Los hijos o las personas adictas necesitan saber que pueden confiar en sus padres. Para iniciar una charla a fondo es positivo que el adicto relate aquello que considera que no es correcto en otros de su propia generación, que perciba que hay diferencias entre los hábitos ajenos y los propios. El diálogo por parte de la familia es primordial; escuchar es fundamental, tratar que el diálogo no se convierta en discusión, e intolerancia, siempre se está a tiempo, siempre hay una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.

Para las personas adictas, en este caso los hijos, es importante que:

– Perciban que las metas que los padres, proyectan en ellos, no son para el beneficio de los adultos, ni para el que dirían.
– La preocupación paternal y/o maternal va más allá, que realmente les interesa su futuro y son responsables de su propia vida.
– No basta la inteligencia, sino que también la voluntad.
– Es importante discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

Por todo ello, es primordial que los padres estén convenientemente informados, de cuáles son las incertidumbres, contrariedades, y cuestionamientos que los hijos tienen en las distintas etapas de su desarrollo:

– Que sepan cuáles son las señales que les envían cuando necesitan ayuda y comprensión.
– Que exploren e investiguen sobre las drogas, el alcohol y los desequilibrios modernos, para poder prepararse y preparar a los chicos adecuadamente, previniendo las causas, y decidir valientemente y acertadamente ante las consecuencias.
– Hacerles notar que les interesa tanto su presente como su futuro y que, anhelan lo mejor para ellos.
– Colaborar ante los problemas de los jóvenes con la escuela, los profesionales, las diferentes campañas existentes, etc.


– Factores internos y sociales como detonante:

Factores internos y sociales son el detonante para que niños y jóvenes penetren en el mundo de las adicciones. La prevención enfocada a la exaltación de valores, la confianza y el diálogo continuo se perfila como una solución viable para detener la alta incidencia.

La desintegración familiar es uno de los principales factores que influyen para que los niños y jóvenes sean presa fácil de las drogas y, es probable que, al no sentirse identificados con su propio hogar, tiendan a integrarse en grupos de personas en los que en muchos casos, para ser aceptados, se ven obligados a consumir sustancias tóxicas.

Manuel González Oscoy, catedrático de la Facultad de psicología de la UNAM, explica que el abandono que sufren los jóvenes por parte de su familia, los orilla a buscar compañía en otros medios donde se ven presionados por esos mismos grupos externos para probar las drogas: «La soledad que enfrentan los chicos de ahora como consecuencia de que ambos padres salen a trabajar, aunado a la falta de información sobre los serios daños que las drogas causan en el organismo, influyen para que busquen en las adicciones una fuente de escape a los problemas que enfrentan. En nuestro medio es muy fácil conseguir cualquiera de ellas, hay mayor oferta y esto es otro factor determinante para que los índices de drogadicción hayan alcanzado máximos históricos».

Según el especialista, el ser humano tiende a repetir el modelo de vida familiar, por lo que destaca la importancia de que los padres eviten este tipo de conductas dentro y fuera del hogar. Si un niño lo vive dentro del hogar difícilmente hará caso de los consejos verbales. Para que la enseñanza sea efectiva, debemos estar dispuestos a abordar el tema, a prepararnos para poder hablar con conocimiento, pero sobre todo, es necesario que tengan la confianza para exponer sus dudas y que sepan que no serán reprendidos, incluso, si confiesan que en algún momento las han probado o se las han ofrecido.

Para quienes se dedican a la venta de drogas, los niños que pasan largos periodos de soledad, sin la supervisión de un adulto, se convierten en blancos fáciles ya que perciben su actitud introvertida o su rebeldía y se acercan a ellos para ofrecerles amistad, situación que aprovechan para inducirlos al consumo y después al tráfico de las mismas.

En palabras del catedrático citado en líneas anteriores «Las conductas antisociales, los cambios físicos y la pérdida de interés en actividades que antes eran de su preferencia, pueden ser una advertencia sobre la presencia de una adicción, pero también, el momento ideal para manifestarle al chico todo el apoyo, solidaridad y cariño para superar el problema».

La comunicación entre padres e hijos y la enseñanza con el ejemplo de valores morales, representan el camino más seguro para evitar que los adolescentes se vean atrapados en las drogas. El contar con el amor y el respaldo de la familia es de vital importancia no sólo para que no caigan en este problema, sino para ayudarlos a salir de él a través de un proceso de rehabilitación.



ESTRATEGIAS Y TÉCNICAS QUE SE DERIVAN DEL CONDICIONAMIENTO OPERANTE

En primer lugar hemos de decir que antes de aplicar ninguna técnica en concreto será preciso realizar una observación inicial, que preferentemente quedará registrada, como requisito previo.

Asimismo es deseable evaluar el potencial de aprendizaje y será preceptivo definir el objetivo global de la intervención educativa, realizar el análisis de técnicas, secuenciar adecuadamente los contenidos, determinar la línea base y registrar continuadamente los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Hec ho esto, se procederá a elegir el procedimiento o estrategia de entre las que  componen las técnicas de modificación de conducta. Finalmente será preciso evaluar los resultados obtenidos.


El refuerzo positivo

Se emplea para incrementar la frecuencia de una respuesta mediante un refuerzo consistente o proporcionar un estímulo agradable.

Cuando realice la acción deseada se le refuerza con alguno de estos medios, según lo que a él más le agrade. Por ejemplo, un profesor puede reforzar a un alumno positivamente mediante un elogio a su conducta, caramelos, gestos de aprobación de sus actos, premios diversos…

Se pretendería cambiar la situación de forma que las consecuencias positivas sean inmediatas a la conducta deseada.

Cuando una conducta va seguida de una recompensa la conducta se fortalece y tendería a realizarse más para obtener así más recompensa.

Consideraciones:

Son más fiables si se observan los efectos sobre la conducta ya que un reforzador para una persona no tiene porque serlo para otra. Deben ser individualizados, si se observa a la persona en diferentes situaciones se podría determinar cuáles actividades le son reforzadoras. Se deben otorgar de forma inmediata y consistentemente…

El proceso a seguir sería:

– Seleccionar la conducta que se desea extinguir. En caso de que existan varias, se debe elegir una.

– Identificar la frecuencia con la que hace esa conducta, observando los acontecimientos que tienen lugar antes y después de la misma.

– Elegir el premio o refuerzo positivo que motive al niño, y que le daremos cuando realice la conducta adecuada. Cuando crecen necesitan algo más tangible: algo material, o dejarle hacer algo que le gusta, aunque siempre se debe tender a refuerzos de tipo social más que material, como alabanzas verbales.

– Es importante el momento en el que se da el refuerzo positivo. En función de la edad, del tipo de conducta que se persigue y del refuerzo elegido, el tiempo transcurrido desde que se hace la conducta hasta que se recibe el premio pactado puede variar.


El refuerzo negativo

Esta técnica consiste en incrementar la frecuencia de una acción deseable eliminando algo que resulta molesto. Su retirada aumentaría la frecuencia de la respuesta. Retirada de un estimulo negativo o de una situación negativa. Por ejemplo «debemos levantar la prohibición de salir con las amigas a nuestra hija porque se ha comportado correctamente y ha realizado lo que le hemos pedido».

Consideraciones:

Cuando se aplica para que desaparezca una conducta de evitación se tendrá que disponer de una reacción alternativa.

La retirada debe ser inmediata y contingente. El estímulo aversivo debe ser largo para que la persona se vea aliviada con su retirada.


Programas de reforzamiento

Los programas de reforzamiento, según Skinner, son las contingencias que especifican con qué frecuencia y cuándo debemos actuar para recibir el reforzamiento, en otras palabras, especifican con qué frecuencia y cuándo se relacionará el refuerzo con la conducta:

· Programas Simples de Reforzamiento Positivo: No es necesario reforzar las ocurrencias de una respuesta para poder incrementar o mantener su tasa.

· Programas de Reforzamiento Intermitente: Cuando el medio sólo refuerza alguna de las respuestas emitidas por un organismo. Se refuerzan algunas, pero no todas las respuestas de un sujeto. Significa que el reforzamiento consiste en presentar el reforzador de manera discontinua. Gran parte de nuestra conducta es reforzada de manera intermitente, tal es el caso de que no siempre obtenemos respuesta cuando llamamos por teléfono a un amigo que no siempre está en casa. La entrega del reforzador puede aplicarse todas las veces que el sujeto obre correctamente (refuerzo continuo) o solamente algunas (refuerzo intermitente).

· Programas Simples de Reforzamiento: El reforzamiento puede programarse siguiendo dos criterios básicos:

Según el número de respuestas emitidas, estos programas especifican que es preciso un determinado número de respuestas para obtener el reforzamiento, fueron llamados por Skinner, «programas de razón» y pueden ser de dos tipos:

· Programas de razón fija: En este programa el número de respuestas necesarias para obtener un reforzador es constante. El sujeto cumple con el criterio o número de respuestas que se ha establecido de antemano. Cada cierto número de veces que el sujeto realice la respuesta deseada se le concede un refuerzo.

En un programa de este tipo es preciso emitir un determinado número de respuestas para obtener el reforzamiento. En un programa RF-1 (o continuo), se da el reforzador después de cada respuesta, de la misma manera en un programa RF-6, se da el reforzador después de cada 6 respuestas.

Un ejemplo de reforzamiento en un programa RF-1 sería dar a un niño un caramelo por cada suma correcta; uno de un programa RF-6 sería dar un euro por cada seis folletos de propaganda entregados.

Los programas de razón fija producen una tasa de respuesta consistente, con lo que el individuo responde a una tasa constante durante todo el tiempo que está disponible el reforzamiento o hasta que se produzca la saciación. Otra característica de este tipo de programas es que la tasa de respuesta aumenta con los programas de RF más altos. Una tercera particularidad de este tipo de programas es que la respuesta se interrumpe temporalmente después del reforzamiento, pausa conocida como «pausa postreforzamiento», después de esta pausa la respuesta se reanuda con la tasa presente antes del reforzamiento.

El inconveniente que tiene es que cuando se suprime el refuerzo, suele extinguirse la conducta con más facilidad que con las otras modalidades de reforzamiento.

· Programas de razón variable: El reforzamiento se produce después de un número medio de respuestas. En este caso se varía la proporción de respuestas correctas por cada refuerzo, de manera que el sujeto no sepa cuándo va a recibirlo.

En estos programas se obtiene reforzamiento tras realizar un número medio de respuestas, pero el número de respuestas exigido varía a lo largo del entrenamiento.

Un ejemplo real sería el del encuestador que consigue que en un trabajo de campo dos personas consecutivas contesten sus cuestionarios y después tiene que esperar otras cinco personas para que le respondan otro cuestionario.

Este tipo de programas, al igual que los anteriores producen una tasa de respuestas constante y cuanto más elevado es el número medio de respuestas más alta es la tasa de respuesta. Sin embargo, al contrario de lo que ocurría en los programas anteriores, la pausa postreforzamiento se produce sólo ocasionalmente.

La ventaja de esta técnica consiste en que cuando se suprime el refuerzo, resulta difícil la extinción de la respuesta buscada.

La tasa tan elevada de respuesta de los programas de razón variable explica la persistencia típica de la conducta de juego. Observemos que en los juegos de azar el reforzamiento se produce como en los programas de razón variable, y alguno de ellos como por ejemplo las máquinas tragaperras están programados según un programa de razón variable, es decir están programadas para dar el premio tras un número medio de jugadas, pero el número exacto de jugadas necesario para conseguirlo es impredecible.

También puede programarse el reforzamiento en base al tiempo, a estos programas les llamó Skinner «programas de intervalo», los cuales a su vez pueden ser de dos tipos:

· Programas de intervalo fijo: Los reforzadores están separados siempre por el mismo intervalo de tiempo. Siempre que el sujeto obre correctamente, es decir, realice la conducta deseada durante un espacio de tiempo fijo, se le proporciona el refuerzo. Esta circunstancia es independiente del número de veces que lo haga.

En estos programas la aparición del reforzador depende del paso del tiempo y de la ejecución de la respuesta apropiada. El reforzamiento está disponible sólo después de un periodo de tiempo determinado de forma que se refuerza la primera respuesta emitida después de transcurrido ese intervalo.

Un ejemplo podría ser la llegada del correo de algún familiar que vive en el extranjero del que esperamos con regularidad noticias, teniendo en cuenta que el correo lo reparten todos los días a la misma hora, por mucho que lo deseemos el reforzamiento no estará disponible hasta que llegue el cartero. Con este tipo de programas el individuo deja de responder al recibir el reforzamiento y luego aumentan lentamente su respuesta conforme se acerca el momento en que el reforzamiento esté otra vez disponible. A este patrón de respuestas característico de los programas de IF se le denomina «efecto festoneado».

· Programas de intervalo variable: Los reforzadores están dispuestos según un intervalo medio entre los reforzamientos disponibles, pero el valor exacto del intervalo varía entre cada reforzamiento. En esta modalidad se aplica el refuerzo al sujeto en intervalos de tiempo variables siempre que, durante los mismos, responda con la conducta deseada. Es un procedimiento más eficaz que el anterior ya que cuando se termina el programa, la extinción de la conducta deseada se produce lentamente.

En este tipo de programas hay un intervalo de tiempo medio entre los reforzadores disponibles, sin embargo este intervalo de tiempo varía de un reforzador al siguiente; por ejemplo en un programa IV-4 minutos el intervalo medio es de 4 minutos, no obstante el individuo podría recibir el primer reforzamiento después de 2 minutos y el siguiente tras 6 minutos.

Pongamos ahora un ejemplo de la vida real que lo ilustre: Supongamos que vas a pescar, puede que en alguna ocasión sólo esperes unos minutos entre pieza y pieza, pero otras veces tendrás que esperar mucho más tiempo.

Este tipo de programas se caracterizan por una tasa de respuesta estable, que además está determinada por la duración del intervalo medio entre los reforzamientos, es decir, la tasa de respuesta es más baja cuanto más largo es el intervalo medio entre los reforzamientos.

Los Programas de Razón Variable (RV) proporcionan tasas de respuesta muy altas y casi constante y los de Intervalo Variable (IV) también proporcionan tasas de respuesta casi constante, pero las tasas comúnmente tienen valores inferiores a aquellas producidas por los programas de RV.

· Programas compuestos: Como su nombre indica combinan dos programas de los antes citados. En un programa compuesto se combinan dos o más programas simples.


El castigo

Ya hemos comentado anteriormente que por castigo entendemos la presentación de un estímulo aversivo contingentemente sobre la ejecución de una respuesta inapropiada. Las consecuencias de la respuesta disminuyen su probabilidad de aparición en el futuro. Mientras que el refuerzo aumenta la frecuencia de una respuesta, el castigo la disminuye. Esta técnica consiste en eliminar algo agradable, o bien en proporcionar algo que resulte molesto siempre que responda con una conducta distinta a la deseable, facilitando así la extinción de la misma.

Pueden ser de dos tipos:


Castigo positivo

Consiste en la aplicación de un estímulo aversivo para reducir la emisión de una conducta. Utilizando un evento físico o psicológicamente doloroso: Un ejemplo de castigo físico sería una paliza y de un castigo psicológico una reprimenda.


Castigo negativo

Procedimiento que consiste en retirar o no presentar algún reforzador positivo después de emitir una conducta. Se pierde un reforzador previamente adquirido por emitir una conducta inadecuada. Sus ventajas radican en que se reduce rápida y eficazmente la conducta y con efectos duraderos. Consiste en la pérdida de un reforzamiento o de su disponibilidad, como consecuencia de la realización de una conducta inapropiada. A veces recibe el nombre de «entrenamiento de omisión» en el cual se proporciona el reforzamiento cuando no se produce la respuesta inapropiada la cual, cuando se presenta, hace que no se obtenga el refuerzo o se pierda. Ejemplo: Cuando una madre dice «si no estudias no vas a la playa», el refuerzo positivo está presente (va a ir a la playa), por lo que se está reforzando la conducta deseada (el estudio). Pero la aparición de la no deseada (el no estudiar) omite el premio (el castigo es no ir a la playa). Otro ejemplo muy utilizado es no dar la paga cuando se ha portado mal.

Existen a su vez dos categorías de castigo negativo:


Coste de respuesta

En este tipo de castigo la respuesta inapropiada hace que se retire o que no se pueda obtener el reforzamiento. Por ejemplo: Perder el privilegio de ver la televisión como consecuencia de haber traído malas calificaciones escolares. Consiste en una penalización o multa que es contingente con la aparición de una conducta no deseada. Veamos este ejemplo de Stephen B. Klein en su libro «Aprendizaje, principios y aplicaciones»:

«Un colega me comentó recientemente que su hija tenía problemas cuando miraba la pizarra en la escuela. Cuando el padre le sugirió que se cambiase a la primera fila de la clase, la hija le dijo que siempre se sentaba en ese lugar. La hija fue examinada por un oftalmólogo que descubrió que su vista era extremadamente deficiente y que debido a eso tendría que llevar gafas todo el tiempo. A pesar de elegir un par de gafas que le gustaron, mostró un gran disgusto por llevarlas puestas. Después de esperar un periodo razonable de adaptación y descubrir que las alabanzas y los ánimos resultaban ineficaces para persuadir a la niña para que usase sus gafas, el padre le dijo que perdería 50 centavos de su asignación semanal cada vez que le viese sin las gafas. Aunque no se mostró contenta con esta medida, no perdió nada de su paga y no expresó más disgusto alguno por llevar las gafas puestas».


Tiempo fuera (tiempo fuera de reforzamiento)

Consiste en un periodo de tiempo durante el cual el reforzamiento no está disponible. Un ejemplo clásico de este tipo de castigo es mandar al hijo a la habitación por mal comportamiento. Consiste en la pérdida del acceso al reforzamiento durante un periodo de tiempo determinado aplicado contingentemente sobre la conducta inadecuada. Es importante cerciorarse de que, en caso de que se emplee una zona de tiempo fuera, ésta no sea reforzante. Se le retira de las condiciones del medio que permiten obtener reforzamiento, o sacar a la persona de estas condiciones durante un tiempo determinado, de manera inmediata a la emisión de la conducta desadaptada. Puede aplicarse con eficacia en conductas destructivas, desobedientes, agresivas, cuando éstas dependen del medio. Por ejemplo: El niño que alborota en clase se le saca fuera un tiempo determinado.


La eficacia del castigo

Aunque en un principio Thorndike pensaba que los eventos desagradables debilitan las conexiones E-R, más tarde sugirió que los acontecimientos desagradables o castigos no debilitan dichas conexiones. Después de un experimento con palabras asociadas a un número, del 1 al 10, a las que se aplicaba reforzamiento si era correcto y castigo si no era correcta la asociación, concluyó que el reforzamiento puede fortalecer la conexión E-R, pero el castigo no puede debilitarla.

Estes y Skinner suponían que el castigo sólo podía suprimir la conducta temporalmente. Después de realizar diversos experimentos llegaron a la conclusión de que el castigo es una técnica ineficaz para eliminar una conducta no deseada. Sugirieron que debería usarse la extinción en lugar del castigo para suprimir, de forma permanente, una respuesta inapropiada.

En los años 50 y 60 se realizaron diversos estudios evaluativos del efecto del castigo sobre la conducta, los cuales mostraron que bajo algunas condiciones el castigo puede suprimir permanentemente la conducta inapropiada, sin embargo, en otras ocasiones el castigo no tiene efecto alguno sobre la conducta o sólo la suprime temporalmente.

Se deben seguir una serie de reglas o principios para que el castigo sea efectivo (Moles, 1994):

– Debe informarse al sujeto cuál o cuáles van a ser específicamente las conductas a castigarse.
– Debe igualmente informársele de cuál será el castigo a la conducta en cuestión.
– Una vez cumplidos los puntos anteriores, se ofrecerá el castigo en la primera oportunidad que el sujeto emita la conducta y cada vez que lo haga. Esto implica que se debe castigar siempre y no a veces.
– El castigo debe ser contingente a la conducta, y por lo tanto al igual que el reforzamiento debe tener una latencia corta. Es decir, la aplicación del castigo debe ser lo más próximo posible (en tiempo) a la emisión de la conducta en cuestión.
– El castigo debe ser siempre de la misma intensidad y no depender del estado emocional de quién lo aplica.
– Al igual que con los refuerzos, no se debe generalizar el castigo, debe ser de forma individual y dependiendo de las características de cada sujeto.

¿Cuándo es eficaz el castigo?. Hay tres factores que influyen en la eficacia del castigo. Son los siguientes:

· LA INTENSIDAD DEL CASTIGO: Según este factor, a mayor intensidad del castigo mayor supresión de la conducta inapropiada. Powell y Azrin realizaron un experimento en el que castigaban a sus sujetos experimentales por fumar cigarrillos usando una cajetilla de tabaco diseñada especialmente para proporcionar una descarga eléctrica al abrirla. Estos autores comprobaron que la tasa de fumar disminuía a medida que aumentaba la intensidad de la descarga.

· LA CONSISTENCIA DEL CASTIGO: Numerosos estudios con experimentación animal, han demostrado la importancia de administrar el castigo de forma consistente. Estos resultados se han comprobado también en sujetos humanos. Por ejemplo Parke y Deur reforzaron con canicas a unos niños, que contaban entre 6 y 9 años de edad, por golpear a un muñeco de tamaño natural. Más adelante, sin dar ninguna información a los sujetos los autores comenzaron a castigar a la mitad de ellos con un zumbador fuerte cada vez que golpeaban al muñeco. A la otra mitad de los sujetos se les castigaba solamente el 50% de las ocasiones que golpeaban al muñeco, siendo reforzados en el resto. Estos autores demostraron que los chicos que recibían el castigo consistentemente dejaron de golpear al muñeco antes que los que eran castigados intermitentemente.

· LA DEMORA EN LA APLICACIÓN DEL CASTIGO: Para que el castigo sea efectivo es preciso que sea inmediato. Teniendo en cuenta los otros dos factores que influyen en la eficacia del castigo, podemos decir, que para que el castigo suprima de forma eficaz una conducta indeseada, éste debe ser intenso, administrarse de forma consistente, y debe ser además inmediato. Los estudios realizados por diversos experimentadores demuestran que, cuanto más grande es la demora entre la respuesta inapropiada y el castigo menos eficaz es este último.

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