Bullying y acoso escolar

COMPORTAMIENTOS ANTISOCIALES EN LA ESCUELA

En distintos medios de comunicación están apareciendo muy a menudo distintos problemas que están existiendo en nuestras escuelas. Los episodios de violencia en los centros educativos atraen a la atención publica lo que provocan una «alarma social».

La violencia en el medio escolar es un problema mundial. Afecta tanto al Norte como al Sur. En cuanto a sus causas, los investigadores están al menos seguros de una cosa: no hay un factor único, sino modelos complejos ligados, por ejemplo, a la situación familiar, a las condiciones socioeconómicas y al estilo pedagógico de los establecimientos. Pero la investigación sólo indica las tendencias. No construye ningún determinismo.

¿QUÉ ES LA «VIOLENCIA ESCOLAR»?:

Hay que diferenciar diferentes categorías ya que no es lo mismo un insulto u otra falta más o menos leve de disciplina que un episodio de vandalismo o de agresión física. No obstante, existe una clara tendencia en la opinión pública y tal vez entre muchos profesores a simplificar en manifestaciones distintas de un mismo sustrato violento que caracterizaría a los niños y jóvenes de hoy.

Juan Manuel Moreno Olmedilla realizó un trabajo distinguiendo categorías de comportamiento antisocial:   

* Disrupción en las aulas: Se tratarían delas situaciones de aula en que tres o cuatro alumnos impiden con su comportamiento el desarrollo normal de la clase interfiriendo en el aprendizaje de los demás. Constituye la fuente de malestar más importante de los docentes ya que obliga al profesorado a emplear más tiempo en controlar la disciplina y el orde.
* Problemas de disciplina (conflictos entre profesorado y alumnado): Se trata de conductas que implican una mayor o menor dosis de violencia como la resistencia, el desafío, el insulto, al profesorado… que pueden desestabilizar por la vida cotidiana en el aula. 
* Maltrato entre compañeros (bullying): El término «bullying» se emplea, en la literatura especializada para denominar los procesos de intimidación y victimización entre iguales, entre alumnos compañeros de aula o de centro escolar (Ortega y Mora-Merchán, 1997). Se trataría de situaciones en los que uno o más alumnos acosan e intimidan a otro, a través de insultos, rumores, aislamiento social, motes… Si bien no incluyen la violencia física, este maltrato intimidatorio puede tener lugar a lo largo de meses e incluso años, siendo sus consecuencias ciertamente devastadoras, sobre todo para la víctima.
* Vandalismo y daños materiales y violencia física (agresiones, extorsiones): El vandalismo y la agresión física son fenómenos de violencia ya sea contra las cosas o contra las personas. Son los que más impacto tienen sobre las comunidades escolares y sobre la opinión pública…
* Acoso sexual: El acoso sexual, al igual que el bullying, es un fenómeno oculto de comportamiento antisocial. 

Bullying: medidas de intervención:

Resulta imprescindible realizar un diagnóstico de la situación por parte del equipo directivo y de los equipos docentes en torno a los casos de abusos y maltratos sufridos por los alumnos para emprender una tarea de colaboración entre todo el profesorado con el fin de eliminar ese problema y al mismo tiempo prevenir y evitar que ocurran hechos similares en el futuro.

El abuso y malos tratos entre compañeros suele estar relacionado en ocasiones con la educación de valores, tales como la justicia, la solidaridad, etc., por lo que debe replantearse una intervención colectiva y global, que sirve para todo el centro, desde el Plan de Acción tutorial que esté aplicando, propiciando debates y mediante la utilización de diferentes técnicas de grupo (torbellino de ideas, Phillips 6/6, role playing, etc.), que hagan reflexionar a los alumnos sobre estos temas.

Ante los casos concretos y puntuales de malos tratos y abusos entre compañeros, conviene intervenir de inmediato una vez que se conozca toda la situación. Los profesores-tutores mantendrán entrevistas individuales con el agredido y el agresor o agresores, para poder esclarecer el problema, y después adoptar una actitud de intervención directa y mediación en el conflicto para ayudar a superarlo. Desde la acción tutorial, se puede solicitar la colaboración del resto del alumnado, pues es evidente que tanto la víctima como el agresor tienen dificultades para desarrollar relaciones satisfactorias con los demás, ya sea por desempeñar roles de prepotencia, por un lado, e indefensión y falta de autoestima, por otro. A la víctima se le puede enseñar estrategias de habilidades sociales y técnicas para el desarrollo de una conducta asertiva. Estas respuestas asertivas, que aprende el alumno, le ayudarán a defender sus derechos en casos de agresiones e intimidaciones.

Para intervenir adecuadamente en la solución de esta problemática, vamos a comentar brevemente el Método Pikas como posible aplicación en la resolución de conflictos ante los casos que puedan surgir de bullying.

El Método Pikas fue desarrollado por el profesor Anatole Pikas, de Suecia (Pikas, 1989), y fue ampliamente utilizado para disuadir a una banda de agresores en su ataque hacia un compañero. Es válida su aplicación a partir de los 9 años de edad y se ha utilizado frecuentemente con adolescentes entre 14 y 16 años.

1. Consiste en mantener una serie de entrevistas de forma individual con los agresores y la víctima, con el objetivo de crear un campo de preocupación mutua y compartida, donde se acuerden estrategias individuales de ayuda a la víctima. El método de basa en dos hipótesis:

– Los pensamientos y sentimientos de un grupo son más simples que los miembros que lo constituyen.
– Existe un «denominador psicológico común» del grupo.

2. Cada individuo del grupo tiene miedo a nivel individual de su denominador común.

El objetivo del método es reindividualizar a los miembros del grupo mediante la realización de charlas por separado, en donde salgan a relucir  sus miedos y reservas inherentes sobre el comportamiento intimidatorio en el que están participando. Para ello, se siguen estas tres fases:

1. Charlas individuales con cada alumno involucrado, empezando por el líder y concluyendo con la víctima (5/10 minutos).
2. Entrevista de seguimiento con cada alumno (3/5 minutos).
3. Reunión de todo el grupo de alumnos (30 minutos).

El tiempo de duración entre cada etapa es de una semana. En la práctica, el empleo de tiempo depende de la disponibilidad del profesional, aunque estos intervalos deben ser siempre menores a dos semanas.

El resultado final del tratamiento es llegar a una reunión conjunta de los agresores y la víctima, en la que puedan intercambiar sentimientos y buenos propósitos y, así, llegar a la reconciliación. El objetivo es el cese de hostilidades hacia la víctima por parte del agresor.


PAPEL DE LA FUNCIÓN TUTORIAL: INDIVIDUAL Y GRUPAL

Parte de la premisa de que no son posibles las soluciones individuales, de que conseguir un buen clima de convivencia es una tarea de todo el centro, a veces incluso a largo plazo:

– Creación de una Comisión de convivencia que tenga realmente ésta como objetivo, es decir, que no sea un subterfugio para sancionar y excluir.

– Recogida y análisis de la información sobre los problemas de convivencia en el centro.

– Elaboración de normas de convivencia que respondan a la situación del conflictivo detectado:
– Qué comportamientos esperamos de los miembros de la comunidad educativa.
– Qué respuestas educativas vamos a ofrecer a las personas que necesitan un tratamiento especial.

– Cómo vamos a trabajar una serie de hábitos a lo largo de toda la etapa, etc.

– Creación de espacios en el centro donde atender a los alumnos que deban ser desplazados momentáneamente del aula, decidir qué tipo de atención van a recibir, cuánto tiempo pueden permanecer en él, etc.

– Creación de canales de participación y comunicación con padres y alumnos con objeto de hacerles cómplices de estas decisiones.

– Mejora de la comunicación con el exterior, celebración de actividades abiertas al público, etc.

– Programar actuaciones diversas para conseguir un buen nivel de identificación con el centro:, pueden ser de tipo cultural, deportivo, asociativo, de imagen, etc.

– Establecimiento de un sistema de mediación y negociación en los posibles conflictos. Creación de un cuerpo de mediadores constituido por alumnos y profesores. Formación en técnicas de negociación.

– Tutorización del profesor novato por parte del jefe de estudios o de una persona delegada. Seguimiento personal de su adaptación al centro y de su relación con los alumnos.

– Programa de formación para el profesorado sobre temas relacionados con la convivencia: habilidades sociales y comunicativas, dinámicas de grupo, etc.

Métodos y técnicas para afrontar y resolver conflictos en el aula:

TÉCNICA DE RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS

El entrenamiento en solución de problemas suele aparecer integrado en diversos programas de intervención. Es un procedimiento excelente para aumentar el grado de autonomía del sujeto y el desarrollo de habilidades para la autodirección y el autocontrol.

Un problema es una situación para la que no tenemos una respuesta inmediata eficaz, que se traduce en un sentimiento de ansiedad, impotencia, malhumor, incomodidad, etc.

El objetivo básico de las técnicas de solución de problemas es identificar alternativas eficaces de funcionamiento. Se trata de buscar, pues, respuestas adecuadas para resolver la situación problemática y elegir la más apropiada.

El procedimiento o técnica básica consta de los siguientes pasos:

– Orientación general: hay que convencer al sujeto de que los problemas son algo natural en la existencia humana, de que todos los tenemos y de que se pueden hacer cosas para sobrellevarlos y solucionarlos. Además, se le enseña a identificar las situaciones problemáticas y a inhibir la tendencia a hacer lo primero que se le ocurra, a controlar los impulsos. En esta línea se pueden proponer listas de problemas, para abordarlos en el entrenamiento, a partir de ejemplos de situaciones que plantee el profesor y con los que los alumnos estén de acuerdo en que son conflictivas, y también las que propongan los propios alumnos.

– Definición y formulación del problema: en esta fase se enseña al sujeto a definir de modo operativo el problema y clasificar sus elementos. Aquí deben delimitarse las características del problema y han de formularse los objetivos a lograr como meta y los aspectos de la situación que debieran modificarse.

– Se trata de describir la situación: quién está implicado, qué sucede, dónde, cómo, por qué y lo que uno hace o deja de hacer: dónde lo hace, cómo lo hace, cómo se siente, qué quiere conseguir. Puede ser importante en ocasiones pedir ayuda o recurrir a otras personas. A la luz de la información recogida puede ser pertinente redefinir el problema. A lo mejor se descubre que el problema real no es el que creíamos, sino otro.
– Búsqueda de posibles soluciones. General alternativas: es el punto crucial de la solución de problemas. Hay que imaginar, crear o recordar el mayor número de alternativas sin valorarlas todavía. Se trata de obtener el mayor número posible, sin más. En esta fase se utilizan las técnicas de «braisnstorming» (torbellino de ideas), que tiene cuatro reglas básicas: se excluyen las críticas, todo vale, lo mejor es la cantidad y lo importante es la combinación de soluciones y la mejora.

– Toma de decisiones. Valorar las soluciones y elegir la mejor. Para ello se estudia cada una de las soluciones propuestas analizando las dificultades y obstáculos que presentan, así como las consecuencias positivas y negativas de las mismas. Se trata de elegir la solución que resuelva el mayor número de aspectos de la solución problemática y/o sea más factible de llevarla a la práctica. La solución debe ajustarse a los criterios de justicia, seguridad, eficacia y respecto a los sentimientos implicados.

– Elaborar planes precisos de acción: se trata de precisar el modo en que se llevará a cabo la solución elegida, dónde, cómo, en qué momento…

– Llevar a cabo la solución elegida y evaluar los resultados: se lleva a la práctica la solución elegida. Se trata ahora de observar las consecuencias para delimitar si las cosas ocurren como se habían previsto y si se está satisfecho de los resultados obtenidos. Si no se consiguen los objetivos, se trata de reconsiderar la lista de alternativas. Se pueden proponer nuevas ideas o bien seleccionar una o más estrategias de las que antes se han desestimado.

Es importante tener claro que en el entrenamiento en solución de problemas no se enseñan respuestas específicas para los problemas planteados, sino que el sujeto aprenda una estrategia o acercamiento general al enfrentarse a un problema de modo que, después de acabar el entrenamiento, pueda usar sus propias habilidades cognitivas en el futuro con problemas diferentes y en distintas ocasiones.



Espacios y estrategias comunicativas para resolver conflictos en el ámbito individual:

LA TUTORIA:

En este ámbito partiremos de cuatro ejes esenciales:

– Se ha de procurar que sea bidireccional: es una relación del tutor al estudiante y del estudiante al tutor. En la tutoría individual el profesor-tutor no intenta únicamente dar normas, imponer disciplinas, expresar opiniones. Sin diálogo no habrá una resolución del fondo del conflicto planteado.

– Se ha de utilizar el marco formal y el informal: en la relación entre profesorado y alumnado debemos utilizar marcos distintos. En realidad podemos comprobar cómo en las situaciones más formales establecidas en un espacio de tutoría, la realidad comunicativa se hace más distante y más difícil de llegar a conclusiones. Por ello es importante que el tutor sea capaz de comunicarse con los alumnos en momentos no estrictamente formales.

– Hay que dar a la comunicación individual una trascendencia similar al a comunicación general respecto a los acuerdos de solución de conflictos: si el tutor en el ámbito de la comunicación individual intenta establecer únicamente una comunicación informal sin compromisos concretos su efectividad en la resolución de conflictos es muy limitada. Estamos por tanto configurando una tutoría personal en que el espacio individual es tan importante como el común.

– Hay que preparar correctamente la comunicación individual, disponer de tiempo para su realización y asegurar les espacios adecuados. Aunque las habilidades comunicativas del tutor sean positivas hay que tener en cuenta que habrá que utilizar estrategias diferentes. La solución de conflictos individuales obliga a un tratamiento personalizado.

CONDICIONES BÁSICAS PARA UTILIZAR LA TUTORIA INDIVIDUAL PARA RESOLVER CONFLICTOS:

A partir de estos principios generales, es evidente que la tutoría individual sólo servirá para solucionar conflictos si somos capaces de establecer la comunicación. El tutor por tanto deberá tener en cuenta una serie de elementos para establecer la comunicación:

–    Ha de tener claro el objetivo que pretende en la comunicación con el estudiante.
–    Tiene que evitar aprovechar la situación para plantear y generalizar los puntos a tratar.
–    Debe calibrar la necesidad de usar la estrategia comunicativa individual y hay que tener expectativas positivas.
–    Debe ponerse en la situación del alumno, entender sus problemas y darle la oportunidad de analizar posibles soluciones.
–    Debe orientar toda la comunicación hacia la solución. Se analizan las causas del conflicto y además se buscan soluciones. En la tutoría individual intentamos encontrar las estrategias para la solución.
–    Hacer una correcta selección del canal de comunicación en el momento adecuado. Para la solución de conflictos quizá no sea conveniente la proliferación de los «partes de incidencia» pues la incidencia sobre el comportamiento de los alumnos es muy limitado.
–    Además es conveniente saber escoger el momento conveniente. No se puede esperar semanas a hablar de un problema ni tampoco precipitarse en el momento más inmediato.
–    Hay que crear un ambiente comunicativo facilitador: por tanto, hay que controlar la reacción emotiva negativa pues el conflicto se puede agravar aún más. En la tutoría individual no pretendemos hacer justicia sino educar y solucionar los conflictos.



LA TUTORIA INDIVIDUAL: UN ESPACIO EDUCATIVO DONDE SE ESCUCHA AL ALUMNO Y DONDE EL TUTOR ADOPTA UNA ACTITUD PROFESIONAL POSITIVA:

Hay que saber escuchar al estudiante para comunicarse con él correctamente. Escuchar de forma adecuada depende de la intencionalidad de cada tutor, y es una habilidad social y comunicativa que puede mejorarse. Forma parte del perfil profesional necesario para poder actuar con eficacia en la resolución de conflictos.

Aplicado a las situaciones del tratamiento de conflictos a través de la tutoría individual podemos proponer:

– Estar dispuesto a que el alumno se explique con sus propias palabras. Hay que evitar que se descentre la cuestión porque pensemos que su expresión es inadecuada.
– Estar informado sobre la cuestión que se va a tratar. Cuando no dispongamos de información debemos controlar la posibilidad de emitir juicios previos.
-Evitar las distracciones durante la comunicación. Aunque en la dinámica de los centros educativos es un problema importante, hay que evitar al máximo las interrupciones.
-Centrarse en las ideas importantes del discurso del estudiante. Es difícil encontrar soluciones cuando nos perdemos en análisis de anécdotas y de datos.
– Evitar al máximo las interpretaciones subjetivas, por lo que hay que preguntar al alumno sobre los datos que sean precisos. Una mala interpretación puede ser el origen o la continuidad de un conflicto.
– Evitar interpretaciones muy largas por ambas partes con el fin de mantener la comunicación y darle agilidad. Resumir el discurso del estudiante y preguntarle si nuestra síntesis es correcta será una buena estrategia comunicativa.
– Es imprescindible que no saltemos a las conclusiones y que no nos anticipemos a los mensajes.
– Es positivo tomar notas cuando se trata de cuestiones complejas con explicación o entrevistas de una duración significativa.

En resumen, se trata de adoptar y desarrollar una actitud profesional del tutor que intenta una mejora continua de uno de los instrumentos más eficaces que tendrá en el ejercicio de su tarea.

ALGUNOS PROBLEMAS DE INCOMUNICACIÓN QUE PUEDEN DIFICULTAD LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN EL ESPACIO INDIVIDUAL DE LA TUTORIA:

Estereotipos:

A menudo se parte de procesos de generalización excesiva sobre la interpretación de los hechos conflictivos que se pretenden solucionar. No es muy apropiado generalizar las conductas concretas con expresiones como «siempre estás molestando a tus compañeros», «jamás te portas de forma adecuada», etc. Esta generalización no sólo disminuye la posibilidad de continuar el diálogo sino que producen un efecto inesperado de distracción justamente sobre los temas que han generado el conflicto.

Proyección:

Cuando en el ámbito de la relación individual expresamos nuestros sentimientos, nos centramos sobre ellos más que sobre los temas. «Estoy harto de tu comportamiento» centra el problema no en aquello que ha hecho el alumno y que pretendemos corregir, sino en nuestros sentimientos.

Efecto halo:

Interpretamos cualquier información siempre en la misma línea que tenemos en un principio: «eso es lo que yo te decía», «ves como tengo razón», etc. Hay que hacer un esfuerzo notable para controlar este aspecto y más cuando muchas de las situaciones comunicativas individuales en el centro se dan en condiciones muy limitadas de tiempo y en un clima poco propicio.

Predisposición y percepción selectiva:

Se da por ocurrido aquello que esperábamos con lo cual se selecciona sólo aquella parte que nos interesa. Podemos imaginar este filtro cuando empezamos una conversación con mensajes como «¿qué tal, ya has vuelto a hacerlo, verdad?», «no importa lo que digas, no podré creer en ti»… Como vemos, estos tipos de mensajes no son los más adecuados para establecer una comunicación fluida y necesaria.

LA TUTORIA INDIVIDUAL: UNA CUESTION DE EQUIPO:

Los centros docentes tienen que unificar sus criterios sobre cómo tratar los conflictos desde la tutoría individualizada, al menos en los siguientes puntos:

– Definir los objetivos esperados en el terreno de la tutoría individualizada para el tratamiento de conflictos.
– Concretar las estrategias e instrumentos que utilizaremos desde el punto de vista comunicativo.
– Concretar el tipo de acuerdos o de soluciones a los conflictos que se darán en aquellas situaciones repetitivas, tales como falta de rendimiento, peleas, actitudes de enfrentamiento con el docente, acoso entre compañeros, abusos, etc.
– Concretar espacios de trabajo en equipo para compartir y mejorar las habilidades tutoriales a base del estudio de casos.
– Concretar espacios de trabajo en equipo para compartir y mejorar las habilidades tutoriales a base del estudio de casos.
– Concretar espacios y tiempos en el centro para dedicarlo a la tutoría individual.
– Definir los registros que utilizarán los tutores como instrumentos para el ejercicio de la acción tutorial.

ESTRATEGIAS COMUNICATIVAS Y DE PARTICIPACIÓN PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN EL GRUPO-CLASE: LA TUTORIA DE GRUPO:

Los objetivos que el tutor se debe plantear en este aspecto son los siguientes:
– Implicación del grupo en la elaboración de las normas colectivas.
– Implicación del grupo en el planteamiento de los problemas y los conflictos.
– Definición de los compromisos colectivos respecto a la solución de problemas.
– Implicación en el seguimiento de las soluciones.
– Aprendizaje de técnicas comunicativas adecuadas para ayudar al tratamiento de los problemas en el grupo.

Estos objetivos no son ni pueden ser el contenido de todas las tutorías del grupo. Hay que ser consciente de que no debe relacionarse exclusivamente este espacio temporal con esta actividad. Se trata de incorporar el hábito de tratar problemas de forma grupal pero no de realizar catarsis grupales a través del profesor.

Tampoco hay que utilizar el recurso grupal cuando los conflictos han entrado en un ciclo maligno de difícil solución. En realidad este espacio de comunicación debe servir para la prevención de los conflictos y, en menor grado, para su solución.

Finalmente, hay que utilizar el grupo para la solución de aquellos conflictos para los que preveamos un mínimo de eficacia. No podemos lanzar el grupo-clase a la solución de conflictos individuales o, lo que es más común, intentar la solución de conflictos individuales en el marco de una sesión general de grupo, utilizándolo meramente de espectador. Los resultados en estas situaciones son en general muy deficientes.

ESQUEMAS DE ORGANIZACIÓN COMUNICATIVA DE LA TUTORA DE GRUPO SEGÚN LA FINALIDAD RESPECTO A LA SOLUCION DE CONFLICTOS:

Podemos resumir las estrategias grupales de comunicación en cuatro posibilidades:

– Para dar información.
– Para recoger informaciones e intercambiar puntos de vista.
– Para tomar decisiones, para llegar a un acuerdo o solucionar un conflicto.
– Para la formación o para la generalización de ideas.

Dinámica grupal para dar información:

Se utiliza para:

–    Dar a conocer los objetivos y líneas generales de funcionamiento del aula.
–    Indicar instrucciones de trabajo derivadas de acuerdos previos de los órganos de decisión del centro.
–    Indicar procedimientos formales.

Las normas comunicativas que el docente deberá respetar son:

– La información debe ser concreta. Dada la finalidad pretendida este tiempo debe ser breve debido a que la concreción nos ayudará a evitar interpretaciones equivocadas.
– La información debe ser comprensible para los alumnos, tanto por la intencionalidad como por el uso de códigos comunicativos claros.
– La información debe ser necesaria y oportuna. En la preparación de su intervención, el tutor deberá buscar y utilizar aquellas argumentaciones que puedan llegar a favorecer la motivación del alumnado.
– La información debe ser sincera. La eficacia del mensaje también estará relacionada con la congruencia del tutor respecto a la información, con su implicación personal.
– La información ha de ser modificable o aceptable. Finalmente hay que tener una visión general de la información que permita su adaptación según la dinámica comunicativa generada.

ESTRATEGIA PARA AFRONTAR LA DISCIPLINA EN EL AULA.
ESTRATEGIAS DE CARÁCTER CONDUCTISTA:

1. Registro de las observaciones:
Se trata de hacer un listado de las conductas del niño y de las respuestas del profesor. Se pueden hacer dos listas, una con las actitudes negativas del alumno y las pertinentes respuestas del profesor, y otra con las conductas positivas del alumno y respuestas del profesor. La finalidad de esta actividad es buscar semejanzas y diferencias en ambas listas, fundamentalmente en la actuación del docente.

2. Determinación de los refuerzos y análisis de las reacciones del profesor:
Se trata de observar la posible aparición de diversos refuerzos de la conducta del alumno, tanto la positiva como la negativa. También se debe analizar la influencia del castigo en la conducta del niño. Es posible que hablar severamente al alumno le resulte a éste una recompensa.

3. Modificación de conductas no deseadas:
– El contexto: el paso siguiente será registrar el contexto en el que se produce el comportamiento negativo.
– Frecuencia de la conducta negativa: nos puede servir para establecer unos parámetros de mejoría.
– Moldeado: este concepto se basa en que, aunque posiblemente el alumno no se porte según nuestros deseos, quizá exhiba de cuando en cuando una conducta que se aproxime a nuestro ideal o, al menos, se le parezca más que su conducta ordinaria. Se trata de ir configurando gradualmente la conducta del alumno en la dirección deseada. En algunos casos, no es muy aconsejable reforzar la conducta (aproximada a nuestro ideal) del alumno, y sí aquellas otras, no relacionadas, que sean positivas.
Una vez consolidada una conducta de carácter positivo, ya no es necesario reforzarla cada vez que se manifieste.


ESTRATEGIAS PARA ENFRENTARSE A AMENAZAS CONCRETAS AL CONTROL DE LA CLASE:

– GROSERIAS:

El primer paso en este caso es mantener la calma, conservar los nervios, lo contrario refuerza la conducta del niño. Si el profesor conserva la calma y responde con decisión, estará demostrando al alumno que su grosería no ha dado en el blanco. Otra posibilidad es ignorar la observación del alumno o su descaro. Si, por el contrario, juzga necesario intervenir, replicará directamente al niño, asegurándose de hacerlo con brevedad y concreción, sin dejar resquicio para que éste se enzarce en un largo intercambio de acusaciones y contraacusaciones.

El sarcasmo no es una solución aconsejable, pues implica insulto a la persona afectada. En el caso de preguntas «tontas» para ofender al profesor, la respuesta correcta sería «si te paras a pensar, encontrarás la respuesta a tu pregunta» o «esa ha sido una observación tonta, y si hubieses pensado un poco, no lo habrías hecho».

Llamar al alumno después de la clase es poco efectivo; es más eficaz, al finalizar la clase, sonreírle amistosamente, lo cual le dejará desconcertado y más accesible a la influencia del profesor, diciéndole algo como «sabes perfectamente que ésa no ha sido una conducta muy inteligente que digamos por tu parte. No me parece oportuno, pues, que entremos en mayores detalles, ¿verdad?». En caso de ser un comportamiento generalizado con todos los profesores, deberá actuarse de forma coordinada por parte de todos los docentes.

– DESAFIOS:

Es el caso, por ejemplo, cuando se manda hacer algo a un niño y éste rehusa sin más. El primer factor es la prudencia del profesor en no exigir algo de uno o de varios individuos si se sabe que se van a negar tercamente a ello, o que está por encima de sus posibilidades, o que es prácticamente inalcanzable. El maestro no se enfadará y reaccionará con calma y decisión. Cogerá firmemente (pero sin hacerle daño) al joven del brazo y le llevará a su asiento o a donde se le haya mandado ir. Si  el desafió continua, se le llevará del mismo modo al despacho del jefe de estudios (que ya estará informado del problema y conocerá al alumno, así como la respuesta que deba darle). Otra vía es repetir, sin levantar la voz y con educación, la orden. Si persistiera, el profesor le preguntará el motivo, y si no fuese justificable, puede responder con frases como «bien, ya veo que no quieres hacer… (lo que se le haya pedido). A todos nos ocurre a veces. Pero esto es importante y por eso me gustaría que, a pesar de todo, colaboraras». Si continua sin hacerlo existen dos posibilidades; dejarlo pasar y advertirle que al finalizar la clase tratará sobre el tema junto con el jefe de estudios y él obtendrá su merecida sanción o, por otra parte, la segunda posibilidad consiste en un enfrentamiento directo con el alumno. Un fracaso a esas alturas dañaría su autoridad. En este caso se le advertiría de las consecuencias de su actitud continuada, ver al jefe de estudios, etc. En caso de que se sepa que trata de llamar la atención, se le deja aislado y se le manda que realice la tarea fuera del grupo.

– AGRESIÓN FÍSICA AL PROFESOR:

Por lo general suele haber avisos por parte del alumno en forma de desafíos. El profesor debe prevenir estas situaciones buscando las causas de las conductas negativas, tratando de alabar los esfuerzos positivos del alumno y su integración en el entorno.

– INCIDENTES VIOLENTOS:

Lo primero es crear un espacio físico entre el alumno y el profesor, basta con echarse un paso atrás. En caso de un segundo puñetazo el profesor debe defenderse sin pegar al joven (evitar los golpes, inmovilizarle sin agredirle). Inmediatamente se le dice que si puede refrenar sus impulsos los dos podrán explicarse con tranquilidad. De esta forma se dará cuenta que la interrupción del ataque llevará consigo una recompensa inmediata (la posibilidad de decir algo) y no un fuerte castigo inmediato. Una vez que el alumno se haya calmado, el profesor tratará el tema con perfecta objetividad, sin dar muestras de enfado o de sentirse ofendido. La naturaleza de la posterior sanción dependerá del jefe de estudios y no «de lo que pida» el profesor. En ningún momento el profesor debe intentar vengarse.

– AGRESIONES FÍSICAS ENTRE LOS ALUMNOS:

Nuevamente la clave reside en una acción tranquila y decisiva por parte del profesor. Llamará primero a la paz, las amenazas son innecesarias. Una vez calmados los alumnos, el profesor pedirá una explicación inmediata o al final de la clase, escuchando ambas parte. Seguidamente se debe buscar tanto imponer un castigo o, más importante, la reconciliación. En el supuesto de que no se separen durante la pelea, el profesor deberá intervenir físicamente separando a los alumnos pero sin violencia, y llamarlos a la calma. El objetivo del profesor debe ser ayudar a los alumnos a dominar sus propios sentimientos sin tener que llegar a las manos. El recurso a sanciones, aplicadas después del incidente y tras una explicación a fondo de los jóvenes, les parecerá algo arbitrario, como castigar por el gusto de castigar. Su efecto sería no tanto impedir que volvieran a enzarzarse en otra pelea si se presenta la ocasión, cuanto la pérdida de respeto al profesor por su incapacidad para entender sus problemas.

– CLASE DESCONTROLADA:

Ante una clase descontrolada, el profesor debe hacer notar su presencia, el rugido de «silencio» no es muy eficaz, dado que si no se callan, él pierde su prestigio ante la clase; es más eficaz una palmada, puesto que no se detiene el tumulto,  y no significa directamente una derrota del profesor, ya que puede prepar otra acción. Si aún así no se han calmado todos los alumnos, se puede coger a uno de los que más alborote del brazo (sin hacerle daño) y llevarlo al centro de la clase. El factor sorpresa hará que todos se detengan y, para no humillar al alumno y quitar un poco de hierro al caso, se puede decir algo como «en caso de duda, siempre ir a por el más fuerte primero». Una vez relajado el grupo no es muy eficaz pedir explicaciones o preguntar quién lo empezó todo, es mucho mejor, pues, que conseguida una victoria decisiva al haber «aplastado» el tumulto, el profesor se gane aun más el respeto de sus alumnos considerando cerrado el incidente. Pedirá a los alumnos que se porten mejor en el futuro.


BULLINGO TEST

El Bullingo test, ideado por Plácido Blanco a partir de un test para superdotados, se ha revelado eficaz para detectar casos de acoso escolar (bullying). Tiene una parte que debe rellenar el alumno; otra, los padres, y otra, el tutor. Los progenitores deben ponerse en alerta si:

– Se queja de la espalda.
– Aparece con la ropa rasgada o pintada.
– Tiene vómitos.
– Presenta contusiones o cortes en cara o cuerpo.
– Pone mil excusas para no ir al colegio.
– Pierde el apetito.
– Está absorto y con la mirada perdida.
– Sale muy cansado del cole.
– Ha tenido algún episodio de pérdida de visión.
– Esta situación dura más de dos semanas.
– Dice: «No me importaría morirme» o similar.
– Quiere cambiar de colegio.



 
 
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