Curso Educador de Calle

Curso Educador de Calle

Las áreas sobre las que interviene directamente el Educador son la familia, la escuela, el tiempo libre, las rela-ciones y la salud. Veamos cada una de ellas por separado:

– Área familiar:
Para conocer los elementos que desacoplan el sistema familiar debemos conocer su organización, conflictividad, actitudes, apoyos que posee, personas de referencia. Ello nos aportará patrones para programar la intervención en este núcleo, muy importante si queremos favorecer el desarrollo de los menores en este espacio de socialización por excelencia. Si ello es posible, lo haremos en coordinación con los Educadores Familiares que, además, nos aportarán pistas sobre la dinámica y los factores de riesgo que influyen en los desajustes de los meno-res. La implicación de la familia para resolver conflictos a través de alianzas y compromisos incidirá positivamen-te en el proceso educativo que mantengamos con los menores y jóvenes.

El espacio familiar influye en el aprendizaje de conductas de los niños, pues le mostrará un determinado tipo de modelo de «normalidad» que se ajusta a su propia realidad social y que queda delimitado por sus condiciones socioeconómicas, cultura, educación y la forma de interactuar con el entorno. A veces ese modelo dista mucho de ser el aceptado socialmente y crea conflictos en el menor, lo que supondrá inadaptación con relación al medio normalizado y aceptado socialmente:

l Rechazo de normas, falta de límites.
l Inseguridades afectivas.
l Valores y actitudes ambivalentes.

– Área escolar:
La desmotivación, el rechazo y la frustración en la escuela hacen que los jóvenes se sientan fracasados y consi-deren esos años de aprendizaje como inútiles, sin sentido. Mal comienzo cuando la escuela ha sido su primer contacto con el mundo exterior y les devuelve una imagen negativa de sí mismos. Es normal que se sientan excluidos y que se desvaloren a sí mismos y rechacen cualquier iniciativa que parta del sistema educativo. Ante este panorama cabría centrarse más en iniciativas formativas cercanas a su realidad, que respondan realmente a sus intereses, les proporcionen posibilidades de futuro y les reconcilie con el mundo del saber y de la cultura (escuelas-taller, cursos de formación profesional, garantía social…).

– Área de tiempo libre:
Muchos jóvenes están abocados a un ocio forzoso que sirve de evasión, pasividad, consumo… Otros no están preparados para aprovecharlo, no conocen las posibilidades de desarrollo personal que puede tener un uso alternativo de ese tiempo que a veces «pesa» demasiado y que es un caldo de cultivo para desvalorarse, sentirse inútil, aburrirse o emprender caminos de degradación.

El Educador sabe que el tiempo libre puede ser un buen momento para el aprendizaje lúdico, solidario, creativo, basado en otros estilos de relación, donde se manifiestan intereses adormecidos o se puede llegar a ser protagonista y dueño de la propia vida, dando un nuevo sentido al compromiso, la participación o la responsabilidad, estimulando a que establezcan sus propios objetivos y tomen las decisiones más ajustadas.

– Área relacional:
El desarrollo de las personas también lo determinan las relaciones interpersonales, con sus reglas, valores, criterios, etc. El aprendizaje relacional se interioriza a través de las experiencias en la familia, la escuela o el grupo de iguales, por lo que el Educador aprovecha para potenciar las relaciones grupales adecuadas a cada etapa evolutiva, haciendo posible un posterior diálogo y comunicación con la comunidad por medio de la participación social de los sujetos de la intervención. El Educador debe ser experto en establecer una comunicación positiva entre personas, grupos y comunidades.

-Área de salud:
Se trata de mejorar la calidad de vida de las personas a través del conocimiento de hábitos de higiene y de salud y la prevención de enfermedades.

 

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