EL PERFIL DEL MEDIADOR EN VIOLENCIA ESCOLAR

El Mediador Escolar es una persona con habilidades para desempeñar este servicio y con una inquietud por conseguir estas actitudes. Entre las características que definen el perfil del Mediador subrayamos las siguientes:

         La facultad de ser una persona imparcial. No trata de beneficiar a ninguna de las partes. La ecuanimidad del Mediador pretende ayudar a las partes para que logre la destrucción del conflicto, sin inclinarse hacia nadie. El Mediador aparece como un sujeto pasivo, sin tomar partido,  involucrándose en la negociación e interesándose en que el resultado sea bueno, realista y duradero. Su papel no se reduce a un mero observador, sino que reconduce los términos de la discusión y corrige a las partes si fuese necesario.

         La capacidad de ser flexible en su ideas, sin obstinarse a ningún supuesto.

         La capacidad de ser responsable, respondiendo con seriedad y profesionalidad a las demandas que las partes le hacen para solventar el conflicto.

         La capacidad de ser un apersona condescendiente que está dispuesta a ayudar a las partes. La paciencia, la tranquilidad y saber escuchar con interés son realidades que deben caracterizar a todo Mediador.

         La capacidad de ser empático, de ponerse en el lugar del otro.

         La capacidad de saber guardar el secreto, es decir, la confidencialidad, de mantener en la intimidad aquello que se nos comunica.

         La capacidad de escuchar activamente, resumiendo los datos, reformulándolos, prestando atención.

         La capacidad de abstenerse de juzgar, intervenir o aconsejar, para que sus opiniones no perturben su relación con los participantes.

         La capacidad de ser cuidadoso, admitiendo el modo de ser, pensar, sentir y actuar de los otros; rehuyendo aplicar nuestros criterios, respetando su autonomía.

         La capacidad de ser honesto.

         La capacidad de crear y mantener la cordialidad para que las partes se sientan a gusto y comprendidas.

         Tener claro el papel y los objetivos: ayudar a las partes a comprender mejor la situación y a decidir que es lo que quieren hacer.

         Su responsabilidad es establecer y mantener un contexto adecuado para que los esfuerzos que realicen las partes en su proceso de deliberación, toma de decisiones, comunicación y adopción de perspectivas sea eficaz.

         La autoconciencia, el autocontrol y la evitación de juicios de valor.

         Permitir y ser sensibles a la expresión de emociones de las partes.

         Permitir y explorar la ambigüedad de las partes.

         Prestar atención a la discusión que tiene lugar en este momento concreto, dejando que la solución brote de las propias decisiones de las partes.

         Ser sensible a las formulaciones de las partes sobre los hechos acaecidos para ayudar a aclarar el presente

         Valorar los pequeños y grandes resultados de las sesiones, sin comparar el éxito al acuerdo final alcanzado. Todos los pequeños pasos cuentan y favorecen el camino hacia delante.

Resumiendo: Las habilidades mínimas que se precisan para manejar una mediación son la capacidad para dominar la ira de los participantes y reconducirla hacia el dialogo; la habilidad para no tomar partido y tolerar incluso a una personalidad manipuladora; la capacidad para tener una perspectiva global del problema y replantear y reformular algún asunto importante; la creatividad para imaginar estrategias de intervención que eviten el estancamiento y el conocimiento suficiente del ámbito particular del conflicto.

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