Educador Familiar

La expansión de la Educación Familiar tiene su origen en causas de variada procedencia, y no todas ellas relacionadas con la Pedagogía. La eclosión de la educación familiar viene determinada por factores tales como: el cambio originado entorno al concepto de familia; la influencia del contexto social, económico, cultural; las nuevas políticas sociales; la democracia y el Estado de Bienestar; el divorcio y las separaciones; las nuevas formas de convivencia; la natalidad; las relaciones intergeneracionales; las problemáticas familiares; etc.

También habría que destacar como causas que motivaron la necesidad de una Educación Familiar: que tanto el sistema familiar como el sistema educativo, sobre todo el formal, sufrieron una pérdida de confianza en su función educadora debido principalmente a dos cambios: el cambio en el concepto de familia y el cambio en el concepto de educación.

Con respecto a la educación, ésta pasa a ser concebida como «un proceso de mejora de la persona que sobrepasa los límites del periodo escolar, llegando incluso a cuestionarse el monopolio de tal institución sobre la educación. La educación es concebida como una característica de la existencia humana» (Petrus, 1997:10).

La Educación Familiar se entendería como un conjunto de estrategias e intervenciones socioeducativas en el medio familiar.

La Educación Familiar es una intervención socioeducativa. Una intervención, en función de las dificultades que presente cada núcleo familiar; y en función de unos determinados mandatos institucionales. Es algo así como una ciencia de la intervención frente a las problemáticas familiares. Es una didáctica de lo familiar.

Esta visión puede ser criticada de reduccionista de la Educación Familiar, y sería cierto si tan sólo se tuviera como referente la acción y mejora de situaciones sociales concretas (casi siempre problemáticas), sin interrogarse acerca de las consecuencias que de una determinada intervención pueden derivarse. Esto viene a reivindicar que toda intervención tiene que estar acompañada por una continua revisión y reflexión, tanto de nuestros actos como de nuestra forma de pensar, de nuestras actitudes, emociones… en definitiva, no contemplar asépticamente todo lo que conlleva el proceso de intervención familiar y sus resultados.

La Educación Familiar tiene como centro de atención primario, la familia, y las personas que la conforman. Dichas personas poseen la capacidad de pensar, reflexionar, tomar decisiones, etc., sobre educación y muchos otros aspectos de la vida humana. Si bien es cierto lo que acabamos de decir, también lo es que en muchas ocasiones nuestra forma de pensar, reflexionar, tomar decisiones, etc., está viciada por dogmatismos, comportamientos heredados, opiniones, prejuicios, mitos, tabúes, condicionamientos, etc., que dificultan el crecimiento y la educación de los miembros del sistema familiar. Por otra parte, también hay que tener en cuenta que cada persona se caracteriza por un modo particular de ver, comprender y ejercer la educación; de ahí que se considere fundamental analizar si se trata de una idea aceptable o mejorable de educación. Partimos de una idea de educación: aquella que permite el sano y eficaz desarrollo humano en todas sus facetas y la convivencia, felicidad, disfrute, etc., de los miembros de la familia y de la sociedad en general.

La Filosofía de la Educación Familiar ve la familia y la sociedad desde el prisma del hombre, de la persona. Así, considera que la sociedad constituye el ambiente en el que se desarrollan las personas. El grupo existe únicamente en razón de las necesidades de la persona. La familia es para el hombre el grupo natural, insustituible, dónde éste se desarrolla.

La acción orientadora puede variar dependiendo del enfoque teórico al que se adscriba cada profesional. Por ello, consideramos adecuado ofrecer el enfoque teórico aportado por RIOS GONZALEZ, J. A., prestigioso y reconocido terapeuta familiar. En su «Manual de Orientación y Terapia Familiar» señala lo que debe ser la orientación familiar (apuntes en los que va implícito el concepto de orientación familiar que más tarde desarrollaremos):

1. El proceso de maduración personal dependerá de cómo se planteen y desarrollen las relaciones entre los distintos miembros del sistema familiar.

2. Dichas relaciones, aún teniendo en cuenta las características individuales de cada sujeto, configuran un determinado estilo que explica el modo de progresar hacia la madurez personal y la integración social en sus distintas modalidades.

3. El planteamiento sistémico resalta que todo está relacionado, niegan la validez o cualquier intento de explicar un fenómeno como algo aislado.

4. Esto hace que observemos el comportamiento y el proceso de maduración como el resultado de interacciones y circularidades que tienen lugar en el interior de un sistema. En este caso, en el interior del sistema familiar que se analiza y observa.

5. El planteamiento sistémico no centra la orientación familiar en el seguimiento individual de un sujeto concreto que se presenta al orientador como «problema», sino que va a centrarse en el estudio del «sistema relacional» del que forma parte ese sujeto señalado como conflictivo, difícil o problemático.

6. Consecuentemente, el orientador familiar no sólo ha de conformarse con diagnosticar la situación personal individualizada de un educando, sino que tratará de profundizar en las apariencias que le muestran los padres o profesor@s-educador@s (ya sean «comportamientos anormales», «trastornos de aprendizaje», «dificultades de adaptación», «síntomas de apariencia psicopatológica», «síndromes encuadrados generalmente en la patología», etc… ) tienen como lenguaje cifrado que obedece a un código con el que se transmite un significado comunicacional en el ámbito de ese sistema relacional concreto.

7. El orientador familiar tiene como tarea o función desenmascarar la relación que mantiene a un individuo del sistema familiar como el «conflictivo», el «difícil», el «problemático», etc… Estos síntomas se achacan con frecuencia a los más jóvenes o adolescentes (aunque vale también para conductas adultas). El profesional de la orientación ha de efectuar una nueva descripción de las conductas individuales del sujeto-paciente, en términos de relaciones interpersonales plagadas de comunicaciones simultáneas en diversos niveles.

8. El orientador en cuanto experto debe tener en cuenta que tanto el diagnóstico como el seguimiento o terapia posterior se hagan teniendo en cuenta los elementos relacionales implícitos.

9. La familia, desde esta perspectiva, se mostrará como un terreno en el que tiene lugar determinadas reglas para mantener estilos, introducir cambios o defender posiciones que se estiman inamovibles.

10. Por ello mismo, el orientador familiar, ha de ser un experto en descubrir las reglas del juego sistémico que pone en práctica una familia concreta. La orientación familiar tendrá mucho de estrategia, para actuar sobre tales reglas y modificar la interacción que dificulta el desarrollo personal de sus miembros. Igualmente, deberá conocer las técnicas que facilitan los cambios en la estructura del sistema si es que con ellos se favorece el progreso de cada miembro y del grupo familiar como elemento dinamizante y de maduración (Ríos González, 1994: 31-32).

La Orientación Familiar (O.F) se entiende como la utilización de recursos a través de los cuales apoyar y reforzar la realización de la «tarea educativa y maduradora» de la familia, durante un proceso continuo. También tiene como objetivo fomentar determinadas capacidades (por ejemplo: las relaciones, cómo interactúa la familia, crear vínculos sanos y eficaces) que ayuden a los miembros de la familia de forma individualizada.

 

 

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