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Curso Educador de Calle. Guia Didactica 

HABILIDADES HETEROSOCIALES
    
TÉCNICAS DE LIGUE. MIEDO AL RECHAZO

Objetivos:

-Aprender diferentes estrategias de ligue
-Aprender a percibir las señales verbales y no verbales en los demás
-Perder el miedo al rechazo, antes, durante y después de una relación con una persona del sexo opuesto.

    Lo primero que se debe hacer es perder el miedo al «No», al rechazo. Está claro que nadie es perfecto y que no hay nadie que pueda pretender gustar a todo el mundo.

    Otro de los temores, más extendido, es pensar que a la otra persona le va a molestar saber que nos gusta. Pongámonos en su lugar; normalmente ¿no es halagador el hecho de saber que le gustamos a alguien?; entonces ¿por qué nos va a molestar?

    Habrá que dar pequeños pasos y no asustar a la otra persona con grandes piropos o declaraciones amorosas o de halago. Además, hay estrategias que no sirven para todas las personas o situaciones.

    Tendremos que distinguir  entre coqueteo y ligue. El coqueteo es un fin en sí mismo, mientras que el ligue tiene como fin conseguir una cita o iniciar una relación de pareja, lo que conlleva una progresión en las señales y refuerzos verbales y no verbales.

    Nos fijaremos también en la accesibilidad de la otra persona, con quién está, su postura, etc. y tener en cuenta que, por lo general, es más fácil «ligar» en discotecas, pubs, fiestas… , pero sin olvidar que en otras situaciones y espacios también podemos tener éxito: en la calle, en un cumpleaños, en una asociación, en una cafetería, en el autobús…

    Lo más importante es conocer las señales de ligue para poder utilizarlas y percibirlas en los demás…

Curso a distancia: Educador en Medio Abierto -Eduador de Calle-

Matricula abierta

http://animacion.synthasite.com

HABILIDADES HETEROSOCIALES
    
TÉCNICAS DE LIGUE. MIEDO AL RECHAZO

Objetivos:

-Aprender diferentes estrategias de ligue
-Aprender a percibir las señales verbales y no verbales en los demás
-Perder el miedo al rechazo, antes, durante y después de una relación con una persona del sexo opuesto.

    Lo primero que se debe hacer es perder el miedo al «No», al rechazo. Está claro que nadie es perfecto y que no hay nadie que pueda pretender gustar a todo el mundo.

    Otro de los temores, más extendido, es pensar que a la otra persona le va a molestar saber que nos gusta. Pongámonos en su lugar; normalmente ¿no es halagador el hecho de saber que le gustamos a alguien?; entonces ¿por qué nos va a molestar?

    Habrá que dar pequeños pasos y no asustar a la otra persona con grandes piropos o declaraciones amorosas o de halago. Además, hay estrategias que no sirven para todas las personas o situaciones.

    Tendremos que distinguir  entre coqueteo y ligue. El coqueteo es un fin en sí mismo, mientras que el ligue tiene como fin conseguir una cita o iniciar una relación de pareja, lo que conlleva una progresión en las señales y refuerzos verbales y no verbales.

    Nos fijaremos también en la accesibilidad de la otra persona, con quién está, su postura, etc. y tener en cuenta que, por lo general, es más fácil «ligar» en discotecas, pubs, fiestas… , pero sin olvidar que en otras situaciones y espacios también podemos tener éxito: en la calle, en un cumpleaños, en una asociación, en una cafetería, en el autobús…

    Lo más importante es conocer las señales de ligue para poder utilizarlas y percibirlas en los demás…

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Educadores de Calle – Experto en Educacion de Calle

La calle, como espacio de libertad, de protesta, como hogar de indigentes, de pandillas de amigos y coleguismo, de aventuras y riesgo, de encuentro, de información y de espacio educativo si se sabe aprovechar, tiene un significado muy especial para los Educadores que han hecho de ella un campo de trabajo hasta hoy mal aprovechado para intenciones educativas. El Educador toma la calle y sirve de punto de referencia a jóvenes con dificultades, no sólo de integración, sino también de relación y amistad, de ocio y consumo, de estudios y trabajo. Pero el Educador no deja de ser una persona normal y corriente, aunque comprometida con la realidad que le rodea.

    Es posible que la figura del Educador de Calle no sea conocida suficientemente. Existen todavía muchas personas que no saben lo que hay detrás de este término «…de Calle», que no tienen una idea muy precisa de su significado; incluso les denominan «Educadores de la Calle», «Educadores para la Calle» y otras similares. Sin embargo, la opinión pública reclama mayor seguridad en las calles, que se haga «algo» con los jóvenes que deambulan por los barrios, salas de juego, bares… Casi sin saberlo están pidiendo una figura educativa -¿o tal vez represiva? (!)- que acompañe y promocione a estos chavales.

    Afortunadamente hoy existe un mayor conocimiento de la importancia que tiene el trabajo socioeducativo de los profesionales que trabajan con colectivos en situaciones de marginación. El Educador, estableciendo relaciones con los individuos, es capaz de que un grupo se promocione culturalmente, iniciándose así un proceso de reflexión en el propio grupo que les llevará a unas relaciones interpersonales basadas en la amistad y en la posibilidad de un cambio solidario o en la forma de actuar para que las situaciones injustas o carenciales tengan una respuesta desde la comunidad o el asociacionismo. El rola del Educador será, pues, generar procesos de participación cultural, esto es, toma de conciencia, relaciones humanas y resolución de problemas. El Educador se convierte de esta manera en un militante de cambio social, a través de la dinamización de personas, grupos y colectivos.

    El Educador de Calle es un técnico que resocializa inadaptados sociales, a nivel individual reeducando, reinsertando y previniendo conductas tipificadas como desviadas; a nivel colectivo realizando un cambio de las condiciones sociales que perpetúan la marginación.

Curso a distancia EDUCADOR DE CALLE

Curso a distancia EXPERTO EN EDUCACION DE CALLE

Matricula abierta

EL MÉTODO DEL EDUCADOR DE CALLE. PROGRAMACIÓN

Este profesional incide en unas realidades concretas dentro de unos contextos y ámbitos especiales, valiéndose de unos tácticas metodológicas ajustadas a cada caso en particular.

Esas realidades pueden ser:

– Problemas de toxicomanías en jóvenes.
– Exclusión social por razones de raza, economía, cultura…
– Absentismo escolar, dificultad en el acceso a la cultura, delincuencia…

Los contextos de intervención son:

– Calles, parques, esquinas y plazas.
– Salones de juego, bares y lugares de reunión y ocio juvenil.
– Entidades vecinales y juveniles, centros infantiles…

El proceso metodológico se basa en:

– La demanda implícita o explícita de su intervención a instancia de personas, grupos, profesionales, entidades de Servicios Sociales, escuelas, etc.
– La observación normalizada y sistemática para detectar y analizar los problemas.
– Identificación de las necesidades que puedan necesitar de su intervención.
– El diagnóstico de la situación evidenciada. Deberá conocer la población y los niveles culturales, socioeconómicos, laborales, sociales, etc. que corroboren su diagnóstico.
– Los objetivos que se propone para mejorar la situación.
– La elección del método, los niveles de intervención, las estrategias y los recursos precisos adecuados a cada realidad.
– Los criterios para la evaluación (indicadores, tiempos, métodos, recursos).
– La coordinación que debe establecerse con otras entidades, equipos, etc. que incidan en el mismo ámbito.
– La evaluación con el propio equipo de trabajo.

El Educador convierte en objetivos educativos el encargo que le delega la organización para la que opera y lo hace desde un equipo de trabajo en el que se siente integrado, utilizando los medios que tiene a su alcance y optimizando tanto éstos como su propio desarrollo individual, mejorando su competencia en todos los sentidos (capacidades, cualidades, actitudes, responsabilidades, habilidades, eficiencia…).

En este tipo de trabajo social se ha improvisado mucho, dejándose llevar por el activismo en detrimento de la concreción de objetivos y actividades -programación, diseño y planificación-. No es fácil, después de unas décadas de implantación de la educación de calle, de precisar una metodología propia para todos los destinata-rios, pues las realidades y los territorios son diferentes, como lo son a su vez las organizaciones promotoras de los proyectos (Comunidades Autónomas, diputaciones, ayuntamientos, entidades sin ánimo de lucro, sector privado). Por tanto, habrá que tener en cuenta las opciones personales y la perspectiva de la institución inspiradora En cualquier caso sí ha de quedar claro:

– La justificación del programa.
– La finalidad que persigue.
– Las acciones que se llevarán a cabo.

Los márgenes que condicionarán la preparación de proyectos son los siguientes:

– El profesional: Sus aportaciones, aptitudes, filosofía…
– El equipo: Características de los diferentes integrantes, criterios comunes, forma de trabajo…
– La organización: Sus finalidades, métodos propios…
– Aspectos legales: Normas administrativas, estatutos…

Curso a distancia: Experto en Educacion de Calle

Matricula abierta

ANIMACION, SERVICIOS EDUCATIVOS Y TIEMPO LIBRE
Formacion a Distancia y Permanente de Educadores/as
formacionadistancia@arrakis.es
formacionadistancia@yahoo.es
http://www.animacion.synthasite.com

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http://www.youtube.com/user/animacionservicios

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EL MÉTODO DEL EDUCADOR DE CALLE. PROGRAMACIÓN

Este profesional incide en unas realidades concretas dentro de unos contextos y ámbitos especiales, valiéndose de unos tácticas metodológicas ajustadas a cada caso en particular.

Esas realidades pueden ser:

– Problemas de toxicomanías en jóvenes.
– Exclusión social por razones de raza, economía, cultura…
– Absentismo escolar, dificultad en el acceso a la cultura, delincuencia…

Los contextos de intervención son:

– Calles, parques, esquinas y plazas.
– Salones de juego, bares y lugares de reunión y ocio juvenil.
– Entidades vecinales y juveniles, centros infantiles…

El proceso metodológico se basa en:

– La demanda implícita o explícita de su intervención a instancia de personas, grupos, profesionales, entidades de Servicios Sociales, escuelas, etc.
– La observación normalizada y sistemática para detectar y analizar los problemas.
– Identificación de las necesidades que puedan necesitar de su intervención.
– El diagnóstico de la situación evidenciada. Deberá conocer la población y los niveles culturales, socioeconómicos, laborales, sociales, etc. que corroboren su diagnóstico.
– Los objetivos que se propone para mejorar la situación.
– La elección del método, los niveles de intervención, las estrategias y los recursos precisos adecuados a cada realidad.
– Los criterios para la evaluación (indicadores, tiempos, métodos, recursos).
– La coordinación que debe establecerse con otras entidades, equipos, etc. que incidan en el mismo ámbito.
– La evaluación con el propio equipo de trabajo.

El Educador convierte en objetivos educativos el encargo que le delega la organización para la que opera y lo hace desde un equipo de trabajo en el que se siente integrado, utilizando los medios que tiene a su alcance y optimizando tanto éstos como su propio desarrollo individual, mejorando su competencia en todos los sentidos (capacidades, cualidades, actitudes, responsabilidades, habilidades, eficiencia…).

En este tipo de trabajo social se ha improvisado mucho, dejándose llevar por el activismo en detrimento de la concreción de objetivos y actividades -programación, diseño y planificación-. No es fácil, después de unas décadas de implantación de la educación de calle, de precisar una metodología propia para todos los destinata-rios, pues las realidades y los territorios son diferentes, como lo son a su vez las organizaciones promotoras de los proyectos (Comunidades Autónomas, diputaciones, ayuntamientos, entidades sin ánimo de lucro, sector privado). Por tanto, habrá que tener en cuenta las opciones personales y la perspectiva de la institución inspiradora En cualquier caso sí ha de quedar claro:

– La justificación del programa.
– La finalidad que persigue.
– Las acciones que se llevarán a cabo.

Los márgenes que condicionarán la preparación de proyectos son los siguientes:

– El profesional: Sus aportaciones, aptitudes, filosofía…
– El equipo: Características de los diferentes integrantes, criterios comunes, forma de trabajo…
– La organización: Sus finalidades, métodos propios…
– Aspectos legales: Normas administrativas, estatutos…

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Intervencion del Educador de Calle

La visión que tengamos del «sujeto en conflicto» antes de iniciar una intervención personalizada es importante. Una visión que prejuzgue, califique o etiquete, condenará al fracaso nuestro proyecto. Habrá que entender al sujeto en su conjunto, su realidad y circunstancias, respetando su forma de ser y entender la vida, aunque no la compartamos.

El «sujeto en dificultad» no ha sabido, no le han enseñado o no ha podido socializarse con nomalidad, por lo que entra en conflicto con el entorno, pero ¿deja por ello de ser una persona con ausencia de vida interior, apática y desmotivada hacia todo lo que le rodea? Desde luego que no. Estos individuos también tienen opciones, una forma de ser y actuar, de entender la vida. Sus metas y objetivos no difieren demasiado de los de cualquier otra persona: Bienestar, dinero, posición, afecto… Lo que ocurre es que a menudo utilizan medios ilícitos para conseguirlos: Drogas, robos, chantajes, violencia… Y ésto lo hacen de forma impulsiva, sin prever las consecuencias negativas o valorar otros métodos con resultados a más largo plazo. Por eso el Educador debe enseñar a retrasar las gratificaciones, a que sólo renunciando a pequeñas gratificaciones se pueden alcanzar otras mayores; ayudando al joven a descubrir sus potencialidades internas para que pueda generar caminos permitidos que no sean antagónicos con lo que la sociedad espera de él.

El Educador analiza con el joven las dificultades, le ayuda a examinar las ventajas y los obstáculos de las mismas y las opciones probables para que sea el propio sujeto quien decida libremente según su voluntad, sin imposiciones, pero a sabiendas que:

– La sociedad tiene unas normas de convivencia;
– que es preciso respetar los límites si no deseamos enfrentarnos con las libertades de los demás;
– que dependerán de él las consecuencias que se deriven de su elección;
– que, a pesar de todo, estaremos a su lado para prestarle apoyo y examinar reposadamente los resultados de cada elección, para que:
– no sean frustrantes los resultados negativos,
– buscar otros posibles caminos,
– felicitarle por sus aciertos,
– ayudarle a construirse como persona.

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El «sujeto en dificultad» no ha sabido, no le han enseñado o no ha podido socializarse con nomalidad, por lo que entra en conflicto con el entorno, pero ¿deja por ello de ser una persona con ausencia de vida interior, apática y desmotivada hacia todo lo que le rodea? Desde luego que no. Estos individuos también tienen opciones, una forma de ser y actuar, de entender la vida. Sus metas y objetivos no difieren demasiado de los de cualquier otra persona: Bienestar, dinero, posición, afecto… Lo que ocurre es que a menudo utilizan medios ilícitos para conseguirlos: Drogas, robos, chantajes, violencia… Y ésto lo hacen de forma impulsiva, sin prever las consecuencias negativas o valorar otros métodos con resultados a más largo plazo. Por eso el Educador debe enseñar a retrasar las gratificaciones, a que sólo renunciando a pequeñas gratificaciones se pueden alcanzar otras mayores; ayudando al joven a descubrir sus potencialidades internas para que pueda generar caminos permitidos que no sean antagónicos con lo que la sociedad espera de él.

El Educador analiza con el joven las dificultades, le ayuda a examinar las ventajas y los obstáculos de las mismas y las opciones probables para que sea el propio sujeto quien decida libremente según su voluntad, sin imposiciones, pero a sabiendas que:

– La sociedad tiene unas normas de convivencia;
– que es preciso respetar los límites si no deseamos enfrentarnos con las libertades de los demás;
– que dependerán de él las consecuencias que se deriven de su elección;
– que, a pesar de todo, estaremos a su lado para prestarle apoyo y examinar reposadamente los resultados de cada elección, para que:
– no sean frustrantes los resultados negativos,
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CURSO a distancia toda España y Latinoamerica:

EDUCADOR/A DE CALLE


El Educador en su intervención detecta necesidades sociales e individuales que marcarán sus objetivos generales, tales como:

– CONECTAR con los niños y los jóvenes del barrio que se presenten problemas de inadaptación, con el fin de hacer de puente entre ellos y las posibles alternativas a sus problemas.
– OBSERVAR el transcurrir diario, los sucesos y anécdotas, con una presencia activa, motivadora.
– MEJORAR la atención de los menores y jóvenes en situaciones cercanos a la inadaptación. Al E.C. no le preocupa que las acciones puedan justificar que los problemas dejen de producirse, sino que los jóvenes sean aceptados para la participación social sin ser estigmatizados.
– POTENCIAR la inserción crítica en la comunidad.
– FACILITAR la adquisición de nuevos modelos de relación frente a la realidad externa.
– FACILITAR el acceso a circuitos sociales normalizados.
– DESCUBRIR casos para la actuación, problemas y carencias en la población infantil/juvenil del barrio, tratando de paliarlos o encauzarlos.
– DAR soporte al proceso de maduración del niño o joven y del grupo de cara a su autonomía personal, superando las limitaciones impuestas al menor por el contexto deteriorado que ha vivido.
– INFORMAR a la opinión pública sobre los problemas que afectan a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que presentan algún tipo de carencia.
– COORDINARSE con grupos y entidades de barrio, apoyando sus acciones y promoviendo la participación de la población.
– PREVENIR conductas antisociales.
– CAPTAR chavales y jóvenes y ofrecerles alternativas de vida, de ocio, de relación…
– PROMOVER centros para jóvenes, clubes, pretalleres, etc. donde puedan ir los chavales a trabajar, divertirse, formarse, relacionarse…
– RELACIONARSE con las familias, la escuela, los jueces, la prisión…
– PREPARARLES para que puedan dar respuestas a su situación.
– DESCUBRIR las habilidades personales de cada persona para desarrollar actividades grupales.
– ESTABILIZAR sus actividades básicas: asistencia al colegio, uso creativo del ocio, trabajo, etc.
– LOGRAR el sentido de solidaridad, responsabilidad y de convivencia.
– SENSIBILIZAR al entorno social en el que se desarrolla la acción sobre la problemática de la inadaptación.
– POSIBILITAR la inserción crítica en la sociedad.
– POSIBILITAR la búsqueda de recursos comunitarios de ayuda a los menos favorecidos.
– MOVILIZAR las capacidades educativas de jóvenes y adultos del barrio.
– ANIMAR y dar soporte a la creación de estructuras de participación para niños y jóvenes.
– OFRECER elementos de juicio y alternativas de relación educativa con los jóvenes a las instituciones del barrio, escuelas, centros sociales y culturales, centros de tiempo libre, asociaciones de vecinos, etc.
– PROMOVER la utilización de los recursos comunitarios para facilitar la inserción y la adaptación del individuo a una determinada estructura social.
– ACTUAR como mediador entre el sujeto y los recursos.
– DIFUNDIR los Derechos del Niño y los Derechos Humanos, denunciando las injusticias ante los organismos competentes y ante la sociedad.
– PRESTAR atención a las necesidades básicas de toda persona: educación, salud, vivienda, trabajo…
– FACILITAR al individuo un cambio personal a través del desarrollo de hábitos, habilidades, valores, relaciones normalizadas…
– TOMAR conciencia de las capacidades del individuo, conflictos, obstáculos, etc.
– DESARROLLAR una imagen positiva de sí mismo.
– GENERAR recursos personales para asumir y afrontar las diferentes problemáticas.
– DESARROLLAR comportamientos y actitudes aceptables, mejorando la relación con el entorno.
– TOMAR conciencia de sus actos y sus consecuencias.
– DESARROLLAR la motivación por la formación académica y el mundo del trabajo.
– ACOMPAÑAR al joven, intentando cubrir sus lagunas en el desarrollo educativo y social.
– REFORZAR la personalidad y potenciar las capacidades del individuo.
– MOTIVAR para el aprendizaje y la formación cultural y profesional.
– APOYAR la creatividad y la iniciativa.
– FAVORECER la adquisición de hábitos educativos que posibiliten un adecuado proceso de maduración.

 

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EDUCADOR/A DE CALLE


El Educador en su intervención detecta necesidades sociales e individuales que marcarán sus objetivos generales, tales como:

– CONECTAR con los niños y los jóvenes del barrio que se presenten problemas de inadaptación, con el fin de hacer de puente entre ellos y las posibles alternativas a sus problemas.
– OBSERVAR el transcurrir diario, los sucesos y anécdotas, con una presencia activa, motivadora.
– MEJORAR la atención de los menores y jóvenes en situaciones cercanos a la inadaptación. Al E.C. no le preocupa que las acciones puedan justificar que los problemas dejen de producirse, sino que los jóvenes sean aceptados para la participación social sin ser estigmatizados.
– POTENCIAR la inserción crítica en la comunidad.
– FACILITAR la adquisición de nuevos modelos de relación frente a la realidad externa.
– FACILITAR el acceso a circuitos sociales normalizados.
– DESCUBRIR casos para la actuación, problemas y carencias en la población infantil/juvenil del barrio, tratando de paliarlos o encauzarlos.
– DAR soporte al proceso de maduración del niño o joven y del grupo de cara a su autonomía personal, superando las limitaciones impuestas al menor por el contexto deteriorado que ha vivido.
– INFORMAR a la opinión pública sobre los problemas que afectan a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que presentan algún tipo de carencia.
– COORDINARSE con grupos y entidades de barrio, apoyando sus acciones y promoviendo la participación de la población.
– PREVENIR conductas antisociales.
– CAPTAR chavales y jóvenes y ofrecerles alternativas de vida, de ocio, de relación…
– PROMOVER centros para jóvenes, clubes, pretalleres, etc. donde puedan ir los chavales a trabajar, divertirse, formarse, relacionarse…
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– DESCUBRIR las habilidades personales de cada persona para desarrollar actividades grupales.
– ESTABILIZAR sus actividades básicas: asistencia al colegio, uso creativo del ocio, trabajo, etc.
– LOGRAR el sentido de solidaridad, responsabilidad y de convivencia.
– SENSIBILIZAR al entorno social en el que se desarrolla la acción sobre la problemática de la inadaptación.
– POSIBILITAR la inserción crítica en la sociedad.
– POSIBILITAR la búsqueda de recursos comunitarios de ayuda a los menos favorecidos.
– MOVILIZAR las capacidades educativas de jóvenes y adultos del barrio.
– ANIMAR y dar soporte a la creación de estructuras de participación para niños y jóvenes.
– OFRECER elementos de juicio y alternativas de relación educativa con los jóvenes a las instituciones del barrio, escuelas, centros sociales y culturales, centros de tiempo libre, asociaciones de vecinos, etc.
– PROMOVER la utilización de los recursos comunitarios para facilitar la inserción y la adaptación del individuo a una determinada estructura social.
– ACTUAR como mediador entre el sujeto y los recursos.
– DIFUNDIR los Derechos del Niño y los Derechos Humanos, denunciando las injusticias ante los organismos competentes y ante la sociedad.
– PRESTAR atención a las necesidades básicas de toda persona: educación, salud, vivienda, trabajo…
– FACILITAR al individuo un cambio personal a través del desarrollo de hábitos, habilidades, valores, relaciones normalizadas…
– TOMAR conciencia de las capacidades del individuo, conflictos, obstáculos, etc.
– DESARROLLAR una imagen positiva de sí mismo.
– GENERAR recursos personales para asumir y afrontar las diferentes problemáticas.
– DESARROLLAR comportamientos y actitudes aceptables, mejorando la relación con el entorno.
– TOMAR conciencia de sus actos y sus consecuencias.
– DESARROLLAR la motivación por la formación académica y el mundo del trabajo.
– ACOMPAÑAR al joven, intentando cubrir sus lagunas en el desarrollo educativo y social.
– REFORZAR la personalidad y potenciar las capacidades del individuo.
– MOTIVAR para el aprendizaje y la formación cultural y profesional.
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– FAVORECER la adquisición de hábitos educativos que posibiliten un adecuado proceso de maduración.

 

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