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Malos tratos a niños-as: ¿QUÉ HACER?:

– Informar a los niños sobre los abusos sexuales, entrenarles para que desarrollen ciertas habilidades que les permitan enfrentarse de forma adecuada a situaciones peligrosas, enseñarles a decir «no», propiciando sus intereses y gustos, enseñarles a identificar el abuso sabiendo diferenciarlo de otras conductas que son normales, enseñarles a afrontar la situación, romper el silencio…
– Formar a profesionales de la educación y de la salud para que puedan realizar intervenciones sociales, educativas y terapéuticas adecuadas.
– Realizar programas de prevención y tratamiento para los agresores ya que siempre necesitan ayuda debido a su alto grado de reincidencia. Que asuman que realmente tienen un problema, acepten sus valores, trabajar su empatía, que aprendan a ponerse en el lugar del otro, aprendizaje de su autocontrol…
– Establecer un servicio coordinado de atención al niño mediante la integración y coordinación de las diferentes instituciones relacionadas con el abuso a menores.
– Denunciarlo ya que permite que la justicia proteja al niño, evita que el agresor abuso de otros menores, fuerza al agresor a seguir un tratamiento terapéutico, hace que la incidencia disminuya…

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Malos tratos a niños-as: ¿QUÉ HACER?:

– Informar a los niños sobre los abusos sexuales, entrenarles para que desarrollen ciertas habilidades que les permitan enfrentarse de forma adecuada a situaciones peligrosas, enseñarles a decir «no», propiciando sus intereses y gustos, enseñarles a identificar el abuso sabiendo diferenciarlo de otras conductas que son normales, enseñarles a afrontar la situación, romper el silencio…
– Formar a profesionales de la educación y de la salud para que puedan realizar intervenciones sociales, educativas y terapéuticas adecuadas.
– Realizar programas de prevención y tratamiento para los agresores ya que siempre necesitan ayuda debido a su alto grado de reincidencia. Que asuman que realmente tienen un problema, acepten sus valores, trabajar su empatía, que aprendan a ponerse en el lugar del otro, aprendizaje de su autocontrol…
– Establecer un servicio coordinado de atención al niño mediante la integración y coordinación de las diferentes instituciones relacionadas con el abuso a menores.
– Denunciarlo ya que permite que la justicia proteja al niño, evita que el agresor abuso de otros menores, fuerza al agresor a seguir un tratamiento terapéutico, hace que la incidencia disminuya…

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Malos tratos: Efectos diferentes en niños y en niñas

La mayoría de los expertos coinciden en que no se puede hablar del abuso sin que ello no suponga o conlleve riesgos de tipo emocional para sus víctimas. Estas reacciones serán más fuertes si el agresor es un familiar y si el abuso se produce de forma repetitiva, al sentirse más culpable por no poder evitarlo. Los niños que han sufrido abusos sexuales tienden a su vez a abusar de otros menores, corren alto riesgo de convertirse en agresores, utilizar formas de abusos similares contra otros niños más jóvenes, utilizar violencia contra los que están a su cuidado o contra sus propios hijos. Las niñas por el contrario presentan más reacciones de ansiedad y depresión (patología más relacionada con los abusos sexuales), suele objetivizarse en el fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización.

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Malos tratos: Efectos diferentes en niños y en niñas

La mayoría de los expertos coinciden en que no se puede hablar del abuso sin que ello no suponga o conlleve riesgos de tipo emocional para sus víctimas. Estas reacciones serán más fuertes si el agresor es un familiar y si el abuso se produce de forma repetitiva, al sentirse más culpable por no poder evitarlo. Los niños que han sufrido abusos sexuales tienden a su vez a abusar de otros menores, corren alto riesgo de convertirse en agresores, utilizar formas de abusos similares contra otros niños más jóvenes, utilizar violencia contra los que están a su cuidado o contra sus propios hijos. Las niñas por el contrario presentan más reacciones de ansiedad y depresión (patología más relacionada con los abusos sexuales), suele objetivizarse en el fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización.

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MALOS TRATOS – FACTORES DE RIESGO

Los factores de riesgo son condiciones que incrementan la posibilidad de que una persona desarrolle un determinado problema o trastorno:

* Factores individuales:

– De los padres: Carencia afectiva en su infancia, historia de malos tratos, falta de experiencia en cuidar niños, desconocimiento de las necesidades del niño, escasa tolerancia a la frustración, falta de autocontrol, impulsividad, escasa capacidad empática…
– De los menores: Desobediencia, hiperactividad, apatía…

* Factores familiares: Familias numerosas, padres adolescentes, falta de uno de los padres, familia monoparentales, hijos no deseados, mala comunicación en la pareja, estrés permanente, rupturas repetidas de la estructura familiar, ausencias prolongadas del domicilio familiar, estilo disciplinario punitivo, carencia de vínculos afectivos…

* Factores ambientales: Desempleo, insatisfacción laboral, ingresos insuficientes, falta de vivienda, hacinamiento, aislamiento social, escaso apoyo social…

* Factores socioculturales: Crisis económica, movilidad social, actitudes inadecuadas hacia la infancia, mujer, familia…

M. J. Rodrigo y J. Palacios (RODRIGO, M. J. y PALACIOS, J.: Familia y desarrollo humano. Alianza Editorial. Madrid, 1998) resumen las explicaciones que se han dado del maltrato infantil:

Las primeras explicaciones ponían énfasis en el funcionamiento psicológico de los padres, explicando el maltrato infantil como consecuencia de trastornos de la personalidad y/o psicopatológicos de los progenitores. Martínez y de Paúl señalan algunos factores presentes en las personas que están al cargo de menores y que tienen tendencia a maltratar:

– Las propias experiencias de los maltratadores como víctimas a su vez de malos tratos en su infancia.
– El déficit de apoyo social que sufren estas personas las incapacita para afrontar adecuadamente situaciones con gran carga de estrés.
– Alteraciones psicológicas.
– Falta de habilidades para educar a los hijos sin tener que recurrir al castigo o a los malos tratos.
– Presencia de características como apatía, inmadurez, depresión…

Sin embargo, en muchos casos no se aprecian estas características, por lo que es preciso buscar otros determinantes.

Un segundo enfoque se centra en factores sociales y económicos, que inciden en las condiciones adversas de la familia. Así, el paro, la pobreza, el estrés económico, el aislamiento social, los problemas de vivienda… serían los factores explicativos del maltrato. Esto no explica sin embargo los casos que se producen en clases sociales altas sin problemas de este tipo.

Por último hay un tercer grupo de explicaciones que se centra tan sólo en las características de los niños maltratados. Dicen estas teorías que hay características en los niños que incrementan el riesgo de padecer malos tratos. Parece que hay una mayor incidencia en niños prematuros, que tienen un temperamento difícil, con discapacidades, con dificultades para el aprendizaje, con escasas habilidades sociales o con retrasos en el desarrollo del lenguaje.

Sin embargo, ninguno de estos modelos explicaría por sí solo los factores que colocan a los niños en situaciones de riesgo. Tendríamos que tomar elementos de los tres para explicar por qué se producen casos de malos tratos a menores.

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MALOS TRATOS A MENORES:

FASES DEL PROCESO DE INTERVENCIÓN :

A la hora de intervenir en un presunto caso de malos tratos, hay que seguir un procedimiento siempre que sea posible:

La detección es la primera condición para poder intervenir. Se realiza a través de la observación y la entrevista tanto de las víctimas como de los agresores.

Lo primero es la detección y notificación del caso. Cuando alguien tiene la sospecha de que un niño o niña sufre malos tratos, debe ponerse en contacto con los Servicios Sociales de Atención Primaria o bien con los servicios de protección del menor (en caso de que fuese necesaria una intervención inmediata). Posteriormente son los profesionales los que deben determinar si existe o no una situación de riesgo para el menor o menores y decidir cuales son las medidas a tomar.

Finalmente, una vez adoptadas las medidas pertinentes, hay que evaluar qué factores inciden en la aparición o el mantenimiento de los malos tratos para poder intervenir sobre ellos y modificarlos.

Entrevista:

* Con menores: Es preciso no someter al menor a numerosas entrevistas sino que es mejor establecer un protocolo con los distintos criterios para obtener datos útiles.

Las entrevistas han de adaptarse a la situación del niño y al momento en que se encuentra.

Han de hacerse en un ambiente de protección y establecer un clima de confianza que permita la expresión de sus emociones y pensamientos.

Debe informarse, de forma comprensible para el menor, del objeto de la entrevista, de los límites de la información obtenida (darle a conocer la obligación que se tiene de comunicar el caso para su protección) y del proceso administrativo y judicial posterior.

La actitud del evaluador ha de ser comprensiva, libre de cuestionamientos, puesto que la evaluación de la credibilidad se hace después de las entrevistas.

La evaluación ha de ser completa para tener el mayor número de datos del desarrollo global del menor.

En la entrevista estarán presentes el menor y los evaluadores. Si es necesario que asistan a ella familiares u otras personas, se colocarán fuera del campo visual del menor. Se informará siempre al menor de la presencia de los observadores.

El lugar de la entrevista se determinará en función de las características del caso. A veces es preferible establecer el primer contacto en un contexto conocido por el menor, especialmente en las primeras fases de la investigación.

El número total de entrevistas que deberán efectuarse oscilará entre dos y seis. Los hechos no serán abordados en todas ellas, ya que es preciso también recoger otros datos que permitan conocer las características personales del menor. Con la finalidad de no generar falsos positivos se evitará repetir preguntas directas cuando el menor niegue el abuso.

Características de las preguntas:

En primer lugar es preciso escuchar. Las preguntas se formularán siguiendo el hilo conductor de las respuestas del menor. No es indicado hacer entrevistas cerradas a base de preguntas previamente establecidas.

El lenguaje ha de ser claro, simple y adecuado al desarrollo del menor y a su léxico.

Las preguntas han de ser abiertas. Si se formulan preguntas cerradas, debe determinarse el sesgo que aportan a la información.

Se evitará utilizar tanto técnicas tipo «interrogatorio» como actitudes excesivamente paternalistas, debido a la elevada probabilidad de contaminación que pueden generar en el discurso del menor.

Técnicas complementarias:

Se pueden utilizar técnicas complementarias para facilitar la comunicación del menor o específicamente para realizar un diagnóstico clínico. En cada caso se seleccionarán los instrumentos idóneos en función de las hipótesis diagnósticas y de las necesidades derivadas del objetivo de la evaluación.

El diagnóstico clínico no sirve para validar una situación de malos tratos, pero aportará datos para:

– Determinar los trastornos de desarrollo que puedan interferir su testimonio o incrementar las secuelas.
– Establecer el nivel de afectación psíquica y determinar la necesidad de tratamiento.

Cuando se utilicen procedimientos no específicos, ha de tenerse precaución en la interpretación de los resultados.
La utilización de muñecos con características sexuales explícitas será útil para:

– Identificar el conocimiento anatómico del menor.
– Expresar los hechos en menores no verbales o pre-púbers.
– Recoger datos en el juego espontáneo.

Los datos obtenidos han de ser considerados dentro del conjunto de los ya recogidos y evitando hacer interpretaciones inferenciales.

Habrá que tener en cuenta:

– Su edad y grado de comprensión: Si son muy pequeños habrá que ganarse su confianza y acceder a la información a través de juegos, dibujos, cuentos… Son útiles para no enfrentar al niño directamente a unos hechos que por su edad no entiende.
– Posible recriminación del maltratador al niño: Es necesario que el niño no tenga miedo a una reprimenda por parte del maltratador, miedo justificado debido a las amenazas que puede haber sufrido si cuenta algo de lo ocurrido.
– La entrevista en si: La entrevista con presión puede causarle un daño psicológico mayor.

Consideraciones:

– Ambiente privado, relajado, neutral.
– El entrevistador debe ser alguien en el que el niño confía.
– Utilizar un lenguaje comprensible para su edad.

Con los padres sospechosos de malos tratos a sus hijos habrá que mantener un ambiente tranquilo, ser sinceros hablándoles sin tapujos y explicándoles que la información recogida será tratada con prudencia y profesionalmente. No asumir una actitud amenazante ni critica evitando entrometerse en aspectos íntimos y los detalles sobre los incidentes.

Observación:

1. Detección: En los malos tratos a menores la observación deberían realizarse en la medida de lo posible de distintos ámbitos en los que se mueve el menor. En la escuela controlando la asistencia, su rendimiento, su comportamiento, relación con los demás… para poder identificar las situaciones sospechosas.

2. Notificación: A pesar de estos indicadores que aparecen en la víctima y/o en los agresores no es suficiente a no ser que se ponga esa sospecha en conocimiento de expertos en malos tratos.

3. Recepción: Atención, obtención de los primeros datos y decisión sobre la gravedad de la situación y la urgencia.

4. Investigación previa: Constatar la presencia de indicadores y circunstancias sospechosas. Se verifica en qué circunstancias se están produciendo los malos tratos, determinar la gravedad y la urgencia de la intervención. Se valora el riesgo de la víctima si sigue en esa situaciones y las consecuencias. La puesta en marcha de la intervención dependerá de la verificación de malos tratos.

5. Evaluación: Se averiguan los daños y los riesgos, se conocen las necesidades, la motivación y las potencialidades tanto en la familia como en el contexto educativo.

6. Decisión de un plan: Decisión de los objetivos a seguir y actuaciones a desarrollar. La responsabilidad del niño está en la administración pública y ésta debe garantizar su seguridad. Pero, siempre que se pueda, se intentará la integración de la unidad familiar. Pero en los casos en que se han producido agresiones físicas, garantizar que no se volverán a repetir es difícil, al menos que se produzca la ausencia del agresor o de la víctima,  de forma temporal, para iniciar la intervención. Para rehabilitar a los maltratadores habrá que planificar los objetivos de la intervención, desarrollar una estrategias de actuación en cada caso particular.

7. Intervención: La intervención va dirigida a trabajar tanto con la víctima como con los agresores. Los profesionales intervendrán desde sus ámbitos de trabajo por lo que es necesario insistir en la coordinación.

Intervención:

Los niños de los que se ha abusado constituyen un grupo heterogéneo en función de su capacidad para afrontar la situación y el apoyo que reciben de su entorno.

Según el nivel de manipulación relacional que haya vivido la víctima habrá mayor o menor confusión y autoinculpación.

El pronóstico tiene relación directa con la gravedad de los malos tratos y con el nivel de protección y colaboración de la familia en el tratamiento.

Se evitará el contacto del menor con los adultos que no le crean y/o le culpabilicen, porque ello supone un maltrato añadido al abuso.

El tratamiento no ha de ser impuesto, pero ha de motivarse siempre que se considere necesario. Irá siempre precedido de una evaluación clínica que permita determinar los recursos cognitivos y las estrategias de afrontamiento de las víctimas y de su entorno protector.

Las técnicas pueden ser aplicadas de modo individual, familiar y por grupo de víctimas. Si se efectúa el tratamiento individual con la víctima, será preciso no olvidar su entorno familiar, del que se hará un seguimiento y/o se prestará apoyo.

Al iniciar el tratamiento individual de las víctimas las técnicas que se vayan a utilizar se adaptarán en función de la edad y las características del niño o del adolescente. La intervención terapéutica se realizará mediante el juego y/o la palabra si la edad del menor que ha sido objeto de abuso así lo requiere.

El tratamiento de las víctimas de abusos ha de tener en cuenta la prevención de la revictimización y/o la repetición del ciclo del abuso sexual.

La frecuencia de las sesiones deberá adaptarse a la situación en que se encuentre la víctima y su núcleo familiar. La duración del tratamiento irá relacionada con los avatares del desarrollo tanto cognitivo como psicosocial. Es conveniente hacer periodos de tratamiento cortos, con objetivos claros, y asegurar la asistencia cuando se requiera.

Cuando se trabaja en el mismo dispositivo con la víctima y con el agresor es preciso que los terapeutas sean diferentes. En las intervenciones terapéuticas deberán establecerse criterios que permitan evaluar la eficacia de los tratamientos.

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MODELOS EXPLICATIVOS DE LOS MALOS TRATOS A MENORES

Las investigaciones en busca de modelos explicativos de los malos tratos a menores se encuentran con muchas dificultades debido a la variedad de tipologías, interferencias en la vida intima y privada de las persona (son situaciones que pueden o no haber sido denunciadas), heterogeneidad de los malos tratos, subtipos, características de las víctimas y de los agresores, variedad de situaciones donde se producen…

Modelo sociológico-cultural:

Trata de explicar el origen de los malos tratos desde un punto de vista de factores sociales, económicos o culturales:

– Factores sociales: Desempleo, la falta de recursos económicos, falta de vivienda o hacinamiento, estrés que se produce en estas situaciones…
– Factores culturales: Creencias de tipo religioso o por tradición, como uso de modelos de aprendizaje con violencia física, los hijos pertenecen a los padres, derecho absoluto al destino de sus hijos…

Modelo psicológico:

Desde este modelo se explicarían los malos tratos considerando las características psicológicas, de personalidad y rasgos psicopatológicos presentes en los maltratadores.

Entre estas características se encuentran: Desajustes o malestar generalizado, síntomas depresivos o ansiedad, baja autoestima, desorganización de pensamiento, impulsividad, falta de control, agresividad, excitabilidad, escasa tolerancia a la frustración, dificultades para enfrentarse a los problemas, estrés…

Modelo psicosocial:

Este modelo se centra en las interacciones del maltratador con su familia de origen y con la que luego constituye. Algunos estudios afirman que un numero importante de padres o madres que golpean a sus hijos han sufrido malos tratos y falta de afecto en su niñez. Se establecen 5 factores asociados al maltrato:

– Repetición de una generación a otra pautas de comportamientos violentos.
– Percepción de que el niño no es digno de ser amado.
– Creencia de que el castigo es adecuado para corregirle.
– Períodos de crisis familiares o sociales.
– Escaso soporte social de los padres.

Modelo centrado en la vulnerabilidad del niño:

La infancia de por si es un grupo vulnerable ya que depende de los cuidados de los adultos. Este modelo pretende explicar que algunos niños están en condiciones mas frágiles y vulnerables a padecer los malos tratos: Embarazos no deseados, fruto de relaciones extramatrimoniales, prematuros debido al tiempo de separación de su madre, llorones, respondones, irritables, hiperactivos, menos sociables, difíciles de controlar, problemas en la alimentación, de control de esfínteres o de sueño… que pueden provocar irritación, incomodidad y enfado en los padres.

Relación padres e hijos:

Tanto las características de los padres como de los hijos influyen en la relación familiar. Estas características se ven reflejadas en la educación de sus hijos, las interacciones existentes, los roles que cada uno asume…

Según sean estas relaciones habrá más o menos probabilidad de que se produzcan malos tratos. En las situaciones de estrés las relaciones familiares se ven dificultadas por la tensión que conlleva.

Si las personas no son capaces de tolerar estas situaciones, de buscar habilidades necesarias para solucionarlas es más fácil reaccionar con violencia y agresividad como medida de escape o de solución del problema. Si esto ocurre se percibe la violencia como útil para sentirse mejor, para rebajar el nivel de estrés, como salida a estas situaciones.

Se inicia así un ciclo donde la violencia se instaura en la interacción familiar.

Existen múltiples situaciones de estrés que van provocando mayor tensión ya sea personal como en las relaciones. Si no se supera esa tensión por otros medios es probable que se reaccione con conductas agresivas para descargar dicha tensión.

Modelo de estilos disciplinarios parentales:

El maltrato infantil al catalogarse como una práctica inconcebible se percibe en que los padres que maltratan a sus hijo deben ser diferentes a los que no lo hacen. Esto ha dado lugar a una dicotomía que separa dos categorías de padres.

Por una lado nos encontraríamos con los «padres abusivos o malos» atribuyéndosele todas las características negativas y los «padres normales o buenos» asumiendo las características positivas.

Intentando evitar esta falsa dicotomía de las prácticas parentales de socialización existe un modelo continuo de conducta parental:

– En un extremo de este continuo estarían las prácticas mas duras y abusivas hacia el niño. Estarían los padres que sienten aversión, desaprueban o sienten agravios hacia sus hijos.
Este rechazo sería la ausencia o retirada de afecto, comprensión, amor. Puede tomar diferentes formas como hostilidad, agresión, indiferencia, negligencia, rechazo indiferenciado.
El efecto que esto produce se relaciona con sentimientos de autoestima, autoadecuación, inestabilidad emocional, visión amenazante, negativa y poco segura del mundo.

Se distinguen tres dimensiones principales en los estilos de disciplina en el interior de la familia:

– Disciplina inductiva o de apoyo: Se hacen cumplir el estilo disciplinario pero con razonamiento llegando a acuerdos. Este estilo es el más efectivo para un buen desarrollo psicosocial y la reducción de conflictos padres e hijos. El niño desarrolla mayor capacidad de autocontrol y estabilidad para interactuar con el medio.

– Disciplina coercitiva: Los padres utilizan la coerción física, la amenaza verbal, privaciones… para mantener la disciplina en el interior de la familia. Este estilo puede desencadenar en conflictos padres e hijos, con las repercusiones en un buen desarrollo del niño.

– Disciplina indiferente o negligente: Los padres muestran indiferencia, permisivos y pasivos respecto a la relación con sus hijos. Al igual que el estilo anterior genera pautas de relación problemáticas.

Modelo integrador:

Se le conoce también como Modelo Ecosistemas y fue propuesto por Belsky (1980). En este modelo se entiende que las condiciones ambientales, las características del maltratador y las características del niño actúan de manera dinámica y recíproca:

– Microsistema familiar:

Se estudian comportamientos de los miembros de la familia, la interacción de los distintos miembros, atributos de los padres como el nivel de tolerancia al estrés o la capacidad empatica, relación de pareja…

– Ecositema:

Se analiza la relación de la familia con su entorno social más cercano ya que estos aspectos le afectan directamente. Se incluye el desempleo, las frustraciones debido a insatisfacciones o tensiones, ausencia de apoyo social…

– Macrosistema:

Se estudian los factores o variables sociales en un nivel más amplio como las variables de tipo socioeconómico como por ejemplo la crisis económica o la alta tasa de desempleo o variables de tipo estructural como por ejemplo el funcionamiento de un colectivo afecta a las posibilidades de cada persona a ser protegido en momentos de crisis por unas normas.

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Curso Mediador malos tratos y violencia de genero. Guia Didactica

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Malos tratos. Intervencion

INTERVENCIÓN EN EL CONTEXTO FAMILIAR:

Se trabaja tanto con la víctima como con el agresor. Estos programas serían de tratamiento familiar, educación familiar, rehabilitación del agresor…

Cada programa y los objetivos planteados deben estar adaptados a las necesidades y a la situación de cada familia en particular, porque sólo así se cubren las deficiencias que existen y las dificultades con las que se encuentran.

Los programas de educación familiar tienen como objetivos generales:

– Reducir el número de institucionalizaciones del menor, aunque va a depender de los recursos destinados a los padres
– Mejorar la capacidad de la familia para hacer frente a distintas situaciones.
– Mejorar la calidad de las relaciones en la familia
– Reducir las situaciones estresantes que pueden surgir.

Para conseguir estos objetivos se trabajan distintas áreas como:

– Reconstrucción de un ámbito familiar adecuado: Condiciones adecuadas de vivienda, alimentación, vestimenta, limpieza…
– Educación hacia los hijos: Rol parental, ideología familiar, manejo de conductas…
– Comunicación en la pareja: Terapia de pareja, orientación laboral, entrenamiento en habilidades sociales, resolución de conflictos, comunicación, negociación, expresión de emociones…

Se utilizan estrategias como:
– Escuela para padres/madres: Se trata de enseñarles a establecer relaciones interpersonales positivas tanto entre ellos como con sus hijos y su entorno.
– En el propio domicilio familiar: Con familias en situación de riesgo de malos tratos también se llegan a cabo una intervención actuando en aquellos aspectos que es necesario cambiar y cuales potenciar.
– Centros de día: En estos centros se proporciona a los menores el cuidado necesario, sanitario, desarrollo de sus capacidades, interacción adecuada con sus padres. Se procuran que padres e hijos pasen el mayor tiempo posible mientras se trabaja su relación.

En el caso de una residencia de mujeres permanecen con sus hijos 3 ó 4 meses hasta que encuentren un trabajo o domicilio y se continua la intervención también una vez que salga del centro.

Posibles entrenamientos:

Habría que incluir muchos otros dependiendo de las características especificas de cada familia, de la víctima, del agresor, del entorno…:

* Entrenamiento conductual:

El objetivo principal es que no se vuelvan a producir conductas agresivas para ello es necesario que los padres guíen adecuadamente la conducta del niño, apliquen de forma razonable una disciplina u estar interesados en lo que hacen o dicen sus hijos mostrándoles afecto y comprensión.

Las conductas violentas suelen producirse porque los padres no tienen las habilidades suficientes para hacer frente a las distintas situaciones de la vida diaria. Por ello es importante entrenarles para que adquieran conductas mas adaptativas, sin tener que recurrir como solución de los problemas a la violencia.

Se trataría de conseguir habilidades de cuidado, supervisión, disciplina, educación, apoyo emocional, aprender a escuchar… Generalmente van a justificar sus conductas con lo que es apropiado darles unas pautas para cambiar esos comportamientos y potenciar otros.

El entorno más apropiado es el propio hogar ya que es donde la familia se comporta como lo hace habitualmente siendo más fácil conocer las interacciones entre ellos, qué provoca el ciclo de la violencia, con qué frecuencia, intensidad, gravedad… Si el entrenamiento se realiza fuera del hogar se puede utilizar el role-playing o juego de roles. También se utilizan otras técnicas como refuerzos, dar instrucciones positivas, costo de respuesta, economía de fichas, contratos padres-hijos…

* Discriminación:

La discriminación es una habilidad y capacidad para responder adecuadamente a la conducta de los hijos. En muchas familias se responde con violencia como forma de resolver los problemas, no saben responder adecuadamente a la conducta de sus hijos sino que lo hacen de forma violenta independientemente de si la conducta es o no adecuada.

Se enseña a discriminar entre las conductas apropiadas de las que no lo son para saber cómo responder ante ellas:

– Tienen que ser capaces de identificar y contabilizar la conducta que se establecen como objetivo tanto conductas positivas como negativas. Identificar conductas que resulten problemáticas para el sistema familiar. Estas conductas se operativizan con lo que quedarán detalladas siendo fácilmente observables.
– Durante un tiempo se observa esa conducta problema contabilizando las veces que ocurre.
– Los padres tienen que aprender a identificar la secuencia de conductas que preceden a una determinada conducta. Se intentará especificar cuál ha sido la secuencia que precedió a la conducta, registrando todas las incidencias.

Se realiza con todas aquellas conductas del hijo que se quiera actuar.

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